El atletismo español resurgió cual ave fénix en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y puso fin a doce años de sequía de metales sumando dos, los de Ruth Beitia en salto de altura y el del vallista de origen cubano Orlando Ortega. Pero además de los pesos pesados veteranos que por fin han logrado su sueño, el atletismo patrio presumió de sus nuevas promesas de cara a Tokyo 2020.

A pesar de los malos pronósticos por los desastres de Pekín y Londres, el atletismo español ha vuelto a afianzarse en lo más alto y ha demostrado que el relevo generacional con Bruno Hortelano y Sergio Fernández es inmejorable.

Miguel Ángel López, el cubano nacionalizado español Orlando Ortega y la veterana Ruth Beitia de 37 años eran las opciones por las que más se apostaba para subir al podio del estadio João Havelange, y sólo falló el primero, que pese a su condición de campeón de Europa y del mundo de 20 kilómetros marcha, no pudo ni siquiera arañar un diploma tras haber sido quinto en Londres. El murciano fue undécimo en los 20 kilómetros y no pudo acabar en los 50, en la segunda vez que los disputaba en su carrera deportiva.

En cambio, ni Ortega ni Beitia dejaron escapar la oportunidad. El de Artemisa, de 25 años y sexto en Londres participando bajo la bandera de Cuba, su país de origen, se colgó una medalla de plata en los 110 metros vallas, que le llevó a un mar de lágrimas y a abrazar a la bandera española, a pesar de las críticas que luego vertería por esta acción el polémico actor Willy Toledo.

Beitia, de 37 años, tenía su última bala en Río. Se dio una oportunidad tras la decepción del cuarto puesto en Londres y no la desaprovechó, proclamándose campeona olímpica en el salto de altura, siendo la primera atleta española en lograrlo y la tercera en total de la historia del atletismo nacional.

Además del hispano-cubano y de la santanderina, España aportó otros dos finalistas en las figuras de la marchadora Beatriz Pascual, que sumó su tercer diploma olímpico consecutivo en los 20 kilómetros, y el mediofondista David Bustos, séptimo en unos 1.500 metros donde fue repescado tras las semifinales.

Sin embargo, pese a no ser finalistas, dos de los nuevos jóvenes valores del atletismo confirmaron ser una apuesta para dar que hablar en el futuro.

Tanto Bruno Hortelano como Sergio Fernández habían brillado un mes antes en los Europeos de Amsterdam y a punto estuvieron de estar en las finales de 200 y 400 metros vallas, batiendo los récords de España.

El velocista se quedó en las semifinales de los 200 metros, pero en las series brilló con un crono de 20.12, batiendo su propia plusmarca nacional (20.18). El campeón continental soñaba con estar con Usain Bolt en la gran final, pero en las semifinales no pudo correr más rápido (20.16) y se quedó a siete centésimas de pasar por tiempos.

Por su parte, Sergio Fernández estuvo aún más cerca en los 400 metros vallas. El actual subcampeón de Europa superó bien las series y en las semifinales rozó la soñada gran final, quedándose a dos centésimas de hacerlo de forma directa en su serie.

Sin embargo, sus espectaculares 48.87 permitieron al vallista navarro poner fin al récord de España más antiguo del atletismo español, los 49.00 segundos de José Alonso Valero que estaban en la tabla de registros desde agosto de 1987.