Que los Juegos Olímpicos de Río iban a tener bastante contenido sexual ya se sabía desde que se eligió al país carioca, conocido en todo el mundo por ser uno de los países donde más intensamente se vive la sexualidad.

En efecto, esta edición ha estado plagada de historias relacionadas con el sexo, desde la escena de sexo en la playa que captaron las cámaras de la BBC o el uso masivo de Tinder en la Villa Olímpica al escándalo de la saltadora de trampolín Oliveira, que quedó última  por practicarlo la noche anterior.

Por temor al contagio del virus zika, las autoridades brasileñas, personificadas en el ya famoso repartidor de condones Eric dieron a los deportistas olímpicos unos 450.000 preservativos en la Villa Olímpica, una medida de seguridad e higiene muy aplaudida, pero que ha traído consigo un inconveniente.

Al parecer, los deportistas, una vez usaron los profilácticos, en lugar de tirarlos a las papeleras decidieron deshacerse de ellos tirándolos por el retrete, lo que ha ocasionado un considerable atasco en los desagües de la Villa Olímpica.