Barcelona prohíbe esta práctica en todas sus playas y las multas empiezan en los 30 euros. También hay otras comunidades con importantes restricciones a esta práctica.
Muchos de nuestros hábitos cotidianos parecen no tener consecuencias porque no las vemos en el momento. Sin embargo, a largo plazo, pueden llegar a causar grandes daños en nuestra salud, afectando al funcionamiento de nuestros riñones.  

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