La vida y la forma de ver el mundo de la fotógrafa Lydia Billings (Ithaca-Nueva York, EE UU, 1991) dió un vuelco hace tres años. Una de sus mejores amigas de la infancia, Rorie, fue violada en el campus universitario en el que estudiaba. Fue uno de los aproximadamente 90.000 casos denunciados cada año en el país —las estadísticas no son claras porque cada estado tiene legislaciones diferentes—. Solamente una cuarta parte culmina con la detención y juicio del o los asaltantes sexuales.

Acabe con justicia o sin ella, cada violación es un trauma gravísimo para la víctima y para su círculo cercano. Hasta que su amiga fue violada, Billings no tenía "una verdadera comprensión de cómo podría ser de destructivo y devastador el asalto sexual", su conocimiento de los efectos era "extremadamente básico". Como además estudiaban en universidades diferentes se sintió "totalmente impotente" para apoyar la "curación y recuperación" de Rorie.

Una red de ayuda mútua

De la sensación de incapacidad emergió el proyecto Trigger Warning (una expresión urbana sin traducción directa al español que se aplica como advertencia, sobre todo en Internet, a cualquier material, sea de texto o audiovisual, cuya difusión pueda causar daños graves a terceras personas). La idea, explica la fotógrafa, es tejer una red de ayuda mútua para "crear un diálogo muy necesario sobre la violación y su prevalencia". 

Encender el deseo de fomentar el diálogo sobre la violación A través de Trigger Warning  Billings espera contribuir a que las personas enfrenten la violación, un delito que es "a menudo ignorado" o considerado "demasiado difícil" para luchar contra él  y sus consecuencias, como "un acto violento y una epidemia social" y que aumente el grado de apertura social hacia un acto que causa un "gran trauma individual". Mediante las fotos de las víctimas a las que ha ido conociendo la fotógrafa desea "encender el deseo en los demás de fomentar el diálogo y las acciones contra la violación".

"Imágenes tímidas"

Poner en marcha un proyecto que implicara a las víctimas para que dieran la cara no fue fácil. "Al principio, mis imágenes eran tímidas, no tenía conocimiento sobre los efectos de sobrevivir a una violación. Empecé a leer todo lo que encontraba relacionado con el tema: culpabilizar a la víctima,  sexismo, feminismo, figuras históricas, tendencias sociales, los mitos en torno a la violación, la publicidad, la educación sexual escolar...", relata la fotógrafa en una entrevista en el blog de fotografía Feature Shot.

Cada persona necesita un modelo diferente para poder hablar Finalmente, mediante el boca a oreja y la ayuda de Rorie, que también se ha implicado en Trigger Warning, Billings consiguió hablar y retratar a supervivientes de asaltos sexuales, tanto mujeres como hombres, jóvenes y mayores. Habitualmente queda con ellos en dos ocasiones. En la primera sólo conversan, sin la cámara por medio. En la segunda organizan la sesión de fotos, siempre teniendo en cuenta la comodidad del retratado. No hay reglas fijas: "Muchos entienden la importancia de hablar de la violación y otros tienen dificultades para hacerlo. Cada persona necesita un modelo diferente".

Topografía del delito

Las fotos, que sólo añaden el lugar donde fueron tomadas y ningún dato de las víctimas, tienen una intensidad desgarradora y un alto grado de sinceridad. Billing no se ha limitado a retratar, sino que ha trazado una especie de topografía del delito, haciendo fotos también de los lugares donde las violaciones fueron cometidas. A veces los departamentos de policía no han visto con buenos ojos las preguntas de la fotógrafa sobre el escenario de los delitos y se mostraron reticentes a darle los datos.

Una vez que lo hablas sientes que el veneno sale de tu interior A cada imagen añade una leyenda donde recoge frases textuales de los retratados. "Cada parte de mi quedó alterada", señala una muchacha con mirada intensamente triste. "Una vez que lo hablas sientes que el veneno sale de tu interior", añade una mujer de ojos azul pálido. "Rechazo tener miedo. Soy fuerte y cada día lo seré más", dice un chico que mira al objetivo con una vehemente seguridad.

Billings y su amiga Rorie están organizando la exhibición de las fotos y charlas informativas en centros comunitarios, escolares o femeninos. No quieren detener la maquinaria que han puesto en marcha. También ofrecen la posibilidad de que cualquier víctima interesada participe en el proyecto. Pueden escribir al correo de la fotógrafa.