"La casa es bonita y grande. ¡Por primera vez tengo un dormitorio de matrimonio! Es lo que yo quería. Era mi sueño, pero hoy nos cortan la luz". María del Pino es la madre de Emilio, el adolescente que hace un año bajó a un banco de un parque vallecano (Madrid) a explicar cómo les estaba afectando la crisis. La familia había pasado por varios desahucios consecutivos y las lentejas eran un plato recurrente encima de la mesa del salón/comedor/dormitorio. Al mes entraban en casa, entonces, 500 euros de ayudas públicas que debían alimentar ocho bocas.

Un año después, el de María del Pino es un hogar más habitable, pero un hogar en el que todos siguen en el paro. En octubre, Cáritas y el IVIMA (Instituto de la Vivienda de Madrid) concedieron a esta familia una vivienda de cinco habitaciones en el Ensanche de Vallecas. Para los próximos cuatro años y por 250 euros al mes. Los menores de la casa, Emilio, Raúl y Ángel, comparten ahora una gran habitación. Los tres mayores tienen cada uno la suya, y María del Pino y su marido, la matrimonial. Pero las cuentas siguen sin salir. En la casa siguen entrando a penas 437 euros de la renta de inserción que cobra la madre y 185 de la renta básica del padre, solo este mes.

"La casa es un sueño, pero los gastos son enormes. Hoy precisamente me vienen a cortar la luz porque no he podido pagar 127 euros de la factura. He ido a pedir a la compañía que espere unos días a que cobre el REMI, pero me dicen que ya han dado la orden. Por culpa de su burocracia, ahora me toca volver a pedir la luz en cuanto cobre, con el gasto extra del enganche", se lamenta.

Mientras, María del Pino sigue pidiendo un empleo, "de lo que sea, que no se me caen los anillos", para ella o para uno de sus tres hijos mayores de edad. Y apura cada ayuda social que conoce. Save the Children le ayuda con el material escolar y la ropa de los pequeños, Cáritas, con la alimentación. "En diciembre estábamos peor que hace un año, cuando nos viste, no tenía nada en la nevera. Me dieron 400 euros para comida. Por eso ahora no nos pueden ayudar con la luz. Somos mucha gente en la misma situación", asegura.

De vuelta a Ecuador

Mario Alomoto y su mujer, Jenny, consiguieron 'in extremis', gracias a la PAH, evitar el desahucio que les acechaba hace un año. Arrancaron al banco un alquiler social de dos años sobre su vivienda unifamiliar en el humilde barrio de San Cristóbal de Los Ángeles (Madrid), que dejaron de pagar cuando el padre de familia quedó en paro. La mediana de las tres hijas, Evelyn, estuvo semanas viviendo con la maleta hecha, esperando el lanzamiento. Año y medio después tendrá que volver a hacerla, pues la familia se vuelve a Ecuador a buscar un futuro mejor.

Mario encontró hace unos meses empleo, por fin. Es conductor de hormigonera en las obras del AVE cerca de Ourense. Pero sabe que ni encadenando contratos de tres meses va a poder hacer frente a los 150.000 euros que le quedan de deuda. "Y como nos han metido en la lista de morosos, aquí en España nadie me alquila un piso. Ni siquiera puedo comprarme un móvil".

Ante esa situación, la familia ha preferido esperar a que acabe el curso escolar y regresar a su país. Las tres niñas, nacidas en España, están tristes por tener que dejar Madrid, el barrio y sus colegios. "Pero allí, en nuestra tierra (en Quito) al menos no tenemos que pagar alquiler. Nuestros familiares nos animan a que volvamos, dicen que algo encontraremos".