El pueblo huichol es una de las comunidades indígenas más antiguas de México. Su población puede calcularse en la actualidad alrededor de las 44.000 personas, que habitan mayoritariamente en el centro-oeste del país, en algunas zonas de la Sierra Madre Occidental (Sierra Huichola) entre los estados de Jalisco, Nayarit y Durango. Aunque en lengua castellana son conocidos como huicholes, palabra que posiblemente es una derivación del término con que se les nombraba en idioma nahuatl, en su propia lengua –que conservan viva como un tesoro– se llaman a sí mismos wixárika (pronúnciese ‘virárica’). El pueblo huichol (o wixárika) es ampliamente reconocido por haber conservado su identidad espiritual y por continuar practicando sus tradiciones culturales y religiosas desde hace miles de años.

Dos representantes de este pueblo orgulloso y sencillo –Don José Ramírez Uxamuire un reconocido marakame (chamán) de una comunidad huichola de Jalisco, y su hijo Enrique Ramírez Haikuka– recorren desde hace varios meses el continente europeo vestidos con sus ropas tradicionales. Forman parte del equipo que está exhibiendo por Occidente un documental –Huicholes, los últimos guardianes del peyote– que muestra y analiza la lucha de este pueblo contra la amenaza que se cierne sobre uno de los sitios sagrados naturales más importantes de su cultura: Wirikuta. Se han presentado ante audiencias de la República Checa, Inglaterra, Escocia, Bélgica, los Países Bajos, Francia, Italia, Alemania, Suiza, Austria y España con un mismo mensaje: un llamado urgente a cuidar el planeta antes de que sea demasiado tarde.

La génesis del documental se remite al  año 2011. Su director, el argentino Hernán Vílchez, asistió a una reunión del Consejo de Ancianos para pedir permiso para hacer una película sobre la cultura huichola. Los ancianos le dieron su autorización, pero con una condición: «Queremos que usted haga un documental sobre nuestra lucha para salvar Wirikuta, la tierra sagrada del peyote, la fuente de nuestra existencia como cultura». Vílchez aceptó, y durante tres años acompañó a la familia Ramírez y al Movimiento de Defensa de Wirikuta por las salas de Justicia y las calles de la Ciudad de México. Más de 30 personas fueron entrevistadas, desde geólogos, antropólogos y científicos del medio ambiente hasta agricultores y mineros cuyas vidas se verían afectadas por el proyecto minero propuesto. El resultado final es una película de algo más de dos horas que no deja al espectador indiferente.

Antes de nada, ¿qué es Wirikuta? El territorio  de Wirikuta es una zona semidesértica al noreste del Estado de San Luis Potosí con una superficie de más de 140.000 hectáreas. Los huicholes –cuyas comunidades de residencia distan de Wirikuta entre 700 y 900 kilómetros– lo consideran un territorio sagrado indivisible y continuo.  En 1988, la UNESCO incorporó la zona de Wirikuta a la Red Mundial de Sitios Sagrados Naturales. Diez años después, Wirikuta fue declarada Reserva Ecológica Natural y Cultural del Estado mexicano.

Wirikuta fue incorporada en 1988 por la UNESCO a la Red Mundial de Sitios Sagrados NaturalesWirikuta posee un ecosistema único en el mundo. Forma parte de una porción del desierto de Chihuahua, en donde se concentra la mayor biodiversidad y riqueza de plantas cactáceas por metro cuadrado del planeta. Es mucho más que un desierto: es un jardín. La mayor parte de las cactáceas de Wirikuta figuran en la Norma Oficial Mexicana de Plantas Amenazadas y en Peligro de Extinción. Una gran proporción de su flora y fauna es endémica, es decir que se da solamente allí. En Wirikuta se encuentran también águilas reales, símbolo de México, que encabezan la lista del programa nacional de conservación de especies prioritarias. La zona es rica en oro, plata y otros minerales valiosos, y fue explotada en diversas épocas por comunidades mineras tradicionales que dejaron su huella en los pueblos de la zona. Pueblos que ya hace tiempo cambiaron el duro trabajo de la mina por el de la explotación turística. Real de Catorce, el pueblo más importante de la región y que da nombre al desierto de Wirikuta, es un ejemplo de ello.

Según las tradiciones huicholas, en Wirikuta se originó la Creación. Es, pues, el territorio a donde peregrinan las distintas comunidades del pueblo huichol, recreando el recorrido que hicieron sus antepasados espirituales. Allí se teje y se sostiene la esencia de la vida del planeta. Y es en este desierto del estado de San Luis Potosí donde brota el peyote (o jícuri, en lengua huichola), un cactus que los miembros de esta comunidad ingieren ritualmente para recibir el ‘don de ver’. Solo ellos y los tarahumara mantienen esta tradición.

Dentro del territorio de Wirikuta se alza un monte abrupto y simbólico: el Cerro Quemado. Es el punto donde nació el sol por primera vez, y supone un altar muy importante dentro de ese territorio sagrado ahora en peligro. Wirikuta se conforma, pues, como un elemento fundamental, material y cultural, sobre el que se basa la identidad del pueblo huichol. La destrucción de Wirikuta implicaría la destrucción del pueblo huichol como tal.

¿Qué está pasando entonces en Wirikuta? El Reglamento de la Reserva de Wirikuta establece que dentro de sus más de 140.000 hectáreas de territorio sagrado están prohibidas las actividades contaminantes. La megaminería, al ser la actividad industrial humana más contaminante que existe, quedaría por lo tanto excluida de Wirikuta. Este reglamento, elaborado conjuntamente con el pueblo huichol, establece la protección del agua, la tierra, la flora y la fauna del sitio sagrado, y un uso tradicional del suelo. Se prohíbe, por ejemplo, "verter o descargar contaminantes en el suelo, subsuelo y cualquier clase de cauce, vaso o acuífero; interrumpir, rellenar, desecar o desviar los flujos hidráulicos; así como modificar de forma sustancial el paisaje".

El método de extracción del oro de los yacimientos de Wirikuta sería la cianuración, una técnica muy peligrosaEn 2010, el Gobierno mexicano otorgó sorpresivamente 22 concesiones mineras a la empresa canadiense First Majestic Silver Corp en el área de Real de Catorce, a través de la empresa mexicana Real Bonanza SA de CV. El 70% de las 6. 326 hectáreas de superficie concesionada está dentro de la Reserva de Wirikuta. Un año después, en diciembre del 2011, se anunció otro megaproyecto minero de la empresa canadiense Revolution Resources, un proyecto monstruo que deja las 6.326 hectáreas de First Majestic como algo insignificante. El Proyecto Universo pretende explotar recursos minerales en 59.678 hectáreas dentro del Área Natural Protegida de Wirikuta, lo que representa nada menos que el 42,56% de la superficie total de Wirikuta.

Por el tipo de yacimientos, el método idóneo para su explotación sería a cielo abierto, y la técnica para la extracción del oro sería la cianuración, una técnica muy controvertida y peligrosa, prohibida en muchos países y territorios. Algunos subproductos, como cianatos y tiocianatos, pueden persistir durante varios años en el medio ambiente, y los derrames de cianuro pueden tener un efecto devastador sobre ríos y acuíferos, matando toda forma de vida acuática y colapsando la cadena alimentaria. Además, las grandes cantidades de agua utilizadas por la megaminería, provocarían el desecamiento de cuencas hídricas que, de acuerdo con informes de la Comisión Nacional del Agua, se encuentran ya sobreexplotadas y tienen muy poca capacidad de recuperación en esta región. Además, los manantiales sagrados donde el pueblo wixárika recolecta sus aguas benditas, corren riesgo de ser contaminados.

Una lucha desigual y polémica

Para el pueblo huichol y sus partidarios (conocidos activistas, artistas y científicos mexicanos y de otras partes del mundo), la minería implica una mortal amenaza a la delicada biodiversidad del ecosistema único que supone Wirikuta. Y, por lo tanto, para la supervivencia de esta antigua cultura. Es un asunto de atropello a los derechos humanos y ambientales tanto de los huicholes como de los pobladores de la zona, en franca violación a tratados internacionales suscritos por México. De acuerdo con la visión del mundo huichol, Wirikuta mantiene el balance energético de la región y el conjunto del planeta.

Según el doctor Alfredo López Austin, historiador mexicano experto en los pueblos indígenas de México, el conflicto de Wirikuta es un conflicto entre el interés económico y el derecho a existir de un pueblo originario: "Mientras la cosmovisión huichola no daña a nadie por existir en el mundo, la cosmovisión que hipervalora la concentración de riqueza en unas manos  está acabando con el planeta. Esa es, básicamente, la diferencia entre dos formas de pensar".

Cuando un cactus puede ser simplemente dios

El peyote (Lophophora williamsii) es un cactus endémico de México, que solo se halla en ciertas regiones desérticas. De entre 2 y 12 cm de diámetro y 5 cm de tallo, es muy conocido por contener alcaloides psicoactivos, entre ellos la mescalina, responsable de sus efectos psicodélicos. Posee una larga tradición de uso medicinal y ritual entre los pueblos americanos, especialmente los huicholes y los tarahumara, y está considerado como enteógeno, o sea, que provoca un estado modificado de conciencia. Los huicholes lo consideran un dios (junto al Sol y el Venado) y lo utilizan, seco, en sus ceremonias espirituales y chamánicas.

Una vez al año, los llamados ‘peyoteros’ (personas con intereses espirituales) se desplazan ritualmente desde sus comunidades de residencia (Nayarit, Jalisco) a Wirikuta (Real de Catorce) para ‘cazar’ los cactus que utilizarán en sus ceremonias al año siguiente. En una procesión de varias semanas, en completo ayuno, recorren cientos de kilómetros andando hasta llegar al desierto en total limpieza interior. Allí se reúnen con sus familias y amigos, desplazados en camionetas, para proceder a la ‘caza’. La realización, durante varios años seguidos, de este ritual, convierte al ‘peyotero’ en hombre de conocimiento o marakame, un líder espiritual y sanador.