Alegría. Te respetan y quieren. Señora del aplauso. Compañera de la felicidad. Mula de la motivación. Madre de la curiosidad. Estás en las primeras letras del vocabulario emocional, junto al amor. Necesaria para el bienestar. Fácil de acompañar, y tanto te adoran que a veces te vuelves tiránica.

¡Baile! ¡Sonrisas! ¡Juegos! Son tus reinos. Eres el sol en la simpatía, y la luna, entonces, lleva nombre de tristeza. Las dos fuerzas están en equilibrio, con su fauna y flora, con sus ciclos y vientos. Sin ti, la tierra sería un campo de depresivos. Pero tampoco debes convertirte en una obligación religiosa, porque no es natural estar siempre contento, no es sano alegrarse, por ejemplo, de la muerte de otros seres. Tienes tu espacio, y tu impulso, motor de los encantos. Te necesitamos sin imposición. Sé espontánea y libérrima. Ese es tu estado.

Muchas veces fugaz, una pirotecnia del estado de ánimo. Gran dispensadora de energía, reina empática en las neuronas espejo: te transmites como la espora de un hongo mágico. Inhibes al miedo y al enfado. Puedes aquietar o entusiasmar y lanzarnos directos a la acción. Potencias el aprendizaje, siempre risueña. Cálida, juguetona, atractiva. Quién no te quiere en su cama o de guía matutina.

Eres la soberana en una infancia sana, en la que te muestras pura, sin complejos, arrebatadora. Allí reinas en el juego y el placer, básicos para el conocimiento, necesarios en toda escuela, según los neurocientíficos. A veces, hilarante, explosiva. Emerges por los éxitos de otros, altruista si ayudamos a los demás a ser felices. Sustento de la amistad, tu plenitud es la satisfacción, y puedes surgir de la ambigua sorpresa o de acontecimientos esperados.

No debe convertirse en una obligación para tapar otras emociones que necesitan también ser verbalizadas y atendidas

Apuntas al entusiasmo, el cual es tu invernadero; sabemos por tanto que es posible cultivarte. Eres buena amiga del humor, de la dicha y del orgullo. Un reactor de distintas intensidades, que a veces, en la edad infantil debe ser encauzado para no pasar rápido de la alegría al llanto, ya que sueles ser poco precavida. Tu familia es el disfrute: alivio, deleite, divertimento, éxtasis… Una emoción básica, presente en todos nosotros. Espejo de la ilusión y del talento, si te unes a la inteligencia. Poderosísima si te juntas con el amor. Nunca serás suficiente en este mundo. Rebelde, indecorosa, amiga del presente. No eres sinónimo de felicidad, pero sin ti ésta nunca será.

"Uno puede construir su felicidad incorporando todas las emociones, no podemos equiparar la felicidad a estar contentos, no. Porque la felicidad no es un estado emocional, es una actitud frente a la vida", dice la psicoterapeuta Begoña Ibarrola.

Nuestra sociedad a veces te exige como un catecismo, porque eres lo opuesto a la tristeza. Ocultas de este modo otras emociones igual de necesarias, tan legítimas, y con ganas de ser verbalizadas y reconocidas. Es la esclavitud del estar "siempre bien" que puede llegar a oprimirnos con mayor fuerza que la tristeza. Parece que nos avergüenzas si no estás siempre presente, especialmente, entre los más pequeños.

"Los niños pueden verse obligados a adoptar un rol, intentar mostrar en todo momento que están alegres, porque creen que se les exige y premia, y eso tampoco es positivo", dice la psicóloga y maestra infantil Sílvia Palou.

Hay cosas que tú, querida Alegría, no puedes arreglar o encauzar. Tú que levantas los ánimos, tú que haces comulgar a los miles, tú que logras que nos sintamos agradecidos de estar vivos. Te adoramos con razón, y debemos invocarte. Pero si quieren que reines sobre todo y siempre, sabemos que es imposible.

No podemos utilizarte de alfombra, porque a veces será necesario que se ponga el sol para poder encender la noche, como en el cuento de Ray Bradbury, y escuchar entonces el cric-cric de la nostalgia, experimentar la compasión en su nido, sentir la ambigüedad de la esperanza, comprender a nuestros seres queridos cuando aúllan.

Serán estos los tiempos de otras emociones cuyo objetivo es el mismo que el tuyo: hacernos sentir vivos, sintonizados, conscientes.

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Cuando estoy contento. Dentro de la Colección Sentimientos de ediciones SM, el cuento Cuando estoy contento busca adentrarse en el universo de las emociones humanas a través de la alegría y la felicidad. Mediante las aventuras del conejito protagonista los niños podrán experimentar estas emociones positivas y necesarias para una vida equilibrada, sana y plena. Tracey Moroney. SM, 2005. 24 páginas. 8,95€.