Podremos discutir siglos, levantar pirámides, tumbar estatuas… pero sin ti nada de lo que hagamos merecerá nombre o recuerdo. Sabemos que das sentido al mundo, que construyes el espacio humano, la cálida cuna del mamífero. Eres la fuerza que nos vincula, la reacción química social, gurú de las endorfinas y la oxitocina, hormonas de placer. Motor y sustento en este engranaje que llamamos vida.

En tu ausencia aparecen monstruos y patologías. Si no existes, el mundo se encuentra en manos de psicópatas, truhanes, reductores de cabezas y alimañas. Eres la base de los vínculos afectivos que durante milenios nos han mantenido a flote. Partes del desinterés y la cooperación, herramientas que señalan el hogar. Brisa en mitad del desierto afectivo, sol de invierno.

Te manifiestas en la necesaria caricia, el beso, el abrazo, el guiño, la amistad, en buenas palabras, la satisfacción, el respeto, la generosidad... Amor, a veces olvidado, porque te dijeron ñoño, cursi, sin importancia, algo dado, gratuito. Y sin embargo, eres fuente de emociones, la matriz de los éxitos auténticos, el talismán de la salud mental y la salvaguarda de toda civilización. Energía básica de la felicidad, antítesis de la soledad, contrapunto a la tristeza, protector contra el miedo. Punto nuclear de una infancia saludable, arcilla que creará seres completos. Los arquitectos del futuro.

Pertenece a la familia de la afinidad, la aceptación, la amabilidad, la confianza...

Amigo del cariño, del afecto, de la filia, tu fuerza puede ser expansiva, fuego que se adhiere a personas, animales, paisajes, ideas, cosas. Apasionado o de compañero. Visible o invisible. Propio o externo. Maravilloso o incluso trágico. Eres sereno y otras intenso. Juegas tantos papeles y tienes tantas caras, que tenemos que escuchar bien tus pálpitos, si son altos, bajos, medios... para saber cómo nos enciendes, cómo nos nutres.

Diremos que eres la emoción positiva por excelencia, pero también tienes tus peligros cuando en la alquimia de las emociones otras se mezclan contigo y se crean extraños híbridos o seres vampíricos; ocurre cuando enmascaras potencias negativas que adoptan tu forma, cuando se te usa de escondite, como en los celos. Puedes ser corrompido por el miedo, aflorar entre la tristeza, o desquiciarte en la ira.

Estás en la base de la unión sincera, de la atracción humana, de la pasión en las artes. Eres gratificante, pero también pecas de visceral o irracional. Madre de la afinidad, de la aceptación, de la amabilidad y la confianza. A veces, te muestras ciego o egoísta. Y entonces nublas tu verdadero sentido. Tus excesos pueden generar sobreprotección.

Puede ser amor apasionado o de compañero

"En la mirada sistémica hablamos del amor ciego, hay un amor que es como para compensar, para cuidar de una manera que no les toca a los niños, que les exige hacer más de lo que les corresponde por la edad que tienen, y no les deja avanzar", advierte la psicóloga infantil Sílvia Palou. Es tu lado oscuro, el exceso de celo, tu poder obsesivo. Peligro de que no seas desinteresado, sino un encubridor de carencias.

Hay autores que te consideran una emoción básica; otros, compleja. Todos te llaman necesaria. Por tu poder y necesidad, debemos conocerte, cuidarte, avivarte en la infancia, hacerte incondicional, honesto, confiable, comprender si algo te corrompe en la maraña de emociones. Eres el nutriente del alma, el único fuego sagrado, y quien disfrute de ti sin quemarse, no conocerá el frío o la oscuridad de un apagón emocional.

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El ladrón de estrellas. Se narra la historia de Jaime y Claudia, y de cómo el primero decide regalarle la luna. Un cuento sobre la amistad, el amor, y la necesidad de demostrar a nuestros seres queridos que los amamos. Ayudará a padres y niños a comprender la importancia de esta emoción, básico para crecer afectivamente y encontrar un sitio sano en el mundo. Begoña Ibarrola. SM, 2009. 8, 95 euros.