Temida y hoy en día alzada al estatus de epidemia. Vistes de negro pero escondes múltiples colores bajo tu hábito. Tienes doble cara, un ser bicéfalo. Necesaria como espacio, un audífono que sondea nuestra conciencia; o monstruo temible sentimental que acorta la esperanza de vida.

Prima hermana de la tristeza, pero también, en tu justa medida, un lugar transitorio de satisfacción. Reino de la lectura y la meditación. Territorio explorado por los seres más completos. Refugio de la imaginación. Eres el primer lugar que conocemos al nacer y el último al marcharnos, dicen. ¡Qué importa! Como animales gregarios, seres de la manada sedentaria, nos cuesta comprenderte, pero puedes ser un espacio de libertad en el que desarrollarnos si no nos domina tu dolor, tu desamparo o desdicha.

Más que una emoción deberías ser un territorio. Has sido monasterio de la creatividad y cárcel de condena. No puedes prevalecer. No eres nuestro hábitat natural. No somos un tigre errante. Si te cronificas abonas el campo de la tristeza y el miedo. Pero podemos educar tu presencia, porque eres catalizadora de la identidad profunda e inevitable en la vida. Toreas con la frustración y la vergüenza. Puedes ser una varita de los seres autónomos. Bien utilizada, nos dotas de la fuerza de la elección: cuándo, cómo y con quién compartir nuestra vida.

Eres un gigante horrendo en la infancia, y por eso queremos identificarte. Tu imagen es fantástica en esas edades, y te manifiestas con fuerza en el momento de ir a dormir. Allí, soñamos solos. Qué duda cabe. El sueño es la antorcha de los solitarios. Es básico saber usarte, una verdadera habilidad emocional, porque muchas veces será difícil encontrarte un lugar.

Existe un tipo de soledad relacionada con encontrar un sitio en el mundo, entre nuestros iguales, que puede ser muy dolorosa

"Es un valor también, ya que es interesante, en los niños, por ejemplo, a la hora de ir al baño. Hay momentos en la vida que implican soledad, y es importante saber gestionarla, sobre todo la que depende de ti. Pero encontrar un sitio en el mundo, un sitio entre los iguales, a veces conlleva una soledad que es muy dolorosa, porque es como sentirte abandonado, sentirte no querido, o no aceptado, incluso por los padres en base a sus expectativas", explica la psicóloga infantil Sílvia Palou.

Misterioso espejo de emociones, maestra del conócete a ti mismo, territorio de la paciencia, puedes ser capaz, bien vivida, de aumentar la autoestima. Regular las emociones ayudará a mitigarte o redirigirte, dicen los psicólogos, porque una mala gestión podrá multiplicarte, separarte de los otros, y aparecer en tu expresión más dolorosa. Soledad, amiga siempre en tu justo equilibrio.

Tu mayor peligro es el aislamiento, el círculo vicioso, la quema de los barcos y la destrucción de los puentes. Tu mayor aliado es el disfrutar de la propia compañía, saber utilizarte con sabiduría. No seas pasto del miedo, sino del crecimiento. No seas síndrome, sino valor. Conviértete en espacio y no en sentimiento. Un lugar en el que integrar emociones. Acude al resto de energías para lograr enriquecerte. Sé fuente de alivio y de conexión con lo más profundo. No te alíes con la tristeza, el enfado y la frustración. No seas el lienzo del miedo. Vive en el espíritu y en el autoconocimiento. Sé amiga de los talentos. En ti estarán casi todas las respuestas y el camino para no tener que sufrirte.

Recomendamos...

Cuando me siento solo. Se trata de un cuento de iniciación para poder reconocer la soledad, comprenderla, darle su valor y espacio en el vocabulario emocional. Es una emoción muy desconcertante para los más pequeños, que suele ir acompañada del miedo. Por eso, a través del personaje del conejito, el niño podrá empezar a entenderla para después, a medida que crezca, estar preparado para gestionarla mejor. Tracey Moroney. SM, 2005. 24 páginas. 8,95 euros.