Dejar el pañal es un rito, un tránsito necesario, a veces problemático; una guerra psicológica entre el deber y el querer. Estamos en el agujero de la escatología, el territorio que por regla no escrita solemos omitir los adultos. Nos sumergimos en la palangana de una emoción básica: el asco. Caca, desechos y humedales incómodos. Sábanas con abrazo de lago. Un hedor a culpa. Intervienen elementos profundos de la identidad como la autonomía y la soledad.

El váter puede convertirse en un lugar oscuro, un espacio casi metafísico en el que proyectar miedos. Requiere de hábitos, acompañamiento. Mucha empatía. Y que el niño esté preparado. Del control necesario del tiempo y los esfínteres. De entender qué es la caca y el pis. Básico. ¿Por qué sale todo esto de adentro? Enfrentarse a un misterio y al poder fangoso cuando se yerra el tiro. Amistarse con el orinal y enfrentar la soledad y angustia. Normalizar naturaleza con reglas sociales. Un aprendizaje que será muy útil.

Los psicólogos y pedagogos recomiendan seguir pautas, estrategias, y, entre ellas, está el uso de cuentos. En los relatos el niño puede interiorizar pequeños retos, comprender la importancia de sus actos. Integrarlo con humor, en el juego y la fantasía. Restarles oscuridad.

La educación emocional opera en ambos sentidos: para el niño y los padres

Usar la imaginación para saber cuál es su aplicación práctica en el momento en que deban separarse de su sábana de confort y lanzarse sin miedo a las aventuras del monstruo de aguas. Vislumbrar emociones. Exteriorizar sentimientos. Un proceso de prueba y error, con escapes, efluvios, olores, y, a veces, cierta frustración.

La educación emocional opera en ambos sentidos: en el niño, que debe aprender una estrategia nueva y difícil, propia del mundo de los adultos; y con los progenitores, que deberán armarse de empatía y paciencia. Contiene este rito elementos fisiológicos, como la maduración de los esfínteres, junto a psicológicos. Es un baño de emociones y control. Un primer paso en la regulación y la autonomía. Un proceso de aprendizaje, como andar o hablar.

Gracias a los cuentos podrá integrar cuáles son las funciones de los orinales o váteres, comprender las zonas fisiológicas del cuerpo, conocer las heces y hablar de ellas con naturalidad; atender, en definitiva, a todo lo que había ocurrido dentro del pañal sin que ellos se hubieran dado cuenta u otorgado la suficiente importancia. Los niños deben integrar la naturaleza igualitaria de este acto para poder enfrentarlo, aceptar que se trata de algo común, propio de los seres humanos en sociedad.

La lectura empática de estos cuentos, especialmente en horas proclives al desagüe biológico, dicen los expertos, puede ayudar a que tomen conciencia. La educación emocional debe iniciarse cuanto antes, aseguran estos autores, y qué duda cabe que en los primeros retos vitales. La soledad y la independencia son valores y emociones que debemos aprender a vivirlos. Requieren de motivación y estímulos. De comprensión y afecto. De pautas de empoderamiento.

Los progenitores deberán usar la empatía y la paciencia

Y sobre todo de inteligencia por parte de los adultos que harán de guía, sin presiones externas, sin dejarse llevar por las emociones negativas como la angustia, el enfado o el miedo, al ver los pasos erráticos de sus hijos en el largo camino hacia el baño.

Del correcto acompañamiento en éste y otros retos puede depender que los niños crezcan con mayor autoestima, sintiendo confianza en ellos mismos. El váter dejará de ser un dominio oscuro. Lograrán extraer sus propias conclusiones e integrarlo en su cosmovisión del mundo.

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¿Puedo mirar tu pañal? El pañal limpio es la meta de este cuento. Un divertido paseo por el mundo de las cacas, culetes y su naturaleza. ¿Puedo mirar tu pañal? explora de manera divertida este reto. Los niños podrán identificarse con los personajes y experimentar su sensación. Es un método para testar cuán preparado está el niño para iniciar el proceso. Guido Van Genechten. SM, 2009. 32 páginas. 11,95 euros.