Misteriosa energía que empujas, distraes, golpeas... Que nos transformas y te riges por programas ocultos en la fosa nerviosa. Te llamas emoción. Y tienes unas razones –como dijo el filósofo Pascal– que no entiende la razón.

Así que identificar esa energía, ponerle nombre, hacerla consciente, sacarla de la fosa, convertirla en sentimiento, conocer su poder e influjo, puede ayudarnos a vivir, a aprovecharla, a no caer desarmados ante su fuerza, desorientados, rendidos como una ciudad sitiada.

Hemos invertido siglos y esfuerzos en aprender, llenarnos de datos importantes, números, lugares, topónimos, fechas… Y sin embargo, el motor de la experiencia humana ha quedado relegado a un segundo plano, como un elemento contingente, la realidad menor.

Es preciso educar las emociones a tiempo

Gracias a los avances en neurociencia y psicología certificamos que estas potencias –el enfado, la tristeza, la alegría, los celos…– acaban tejiendo el destino, afectando a la toma de decisiones, secuestrándonos, moldeando el pensamiento.

Las emociones actúan en nosotros en el claustro materno. Es preciso educarlas a tiempo. Una madre estresada podría marcar al futuro bebé por el exceso de hormonas como los cortisoles a través del cordón umbilical, según apuntan varios estudios. Un niño educado en sus emociones tendrá mejores herramientas para poder enfrentarse a esta vida volátil. Equilibrio entre el impulso y la represión. Fácil de escribir, difícil de ejecutar. Pero el "conócete a ti mismo", desde tiempos de Sócrates, nunca resultó infértil.

"Es importante que los niños vayan desarrollando un vocabulario emocional. El lenguaje es el horizonte de nuestro conocimiento. Educar en emociones significa educar en la conciencia y en su regulación, poner inteligencia a los estímulos y respuestas", explica Rafael Bisquerra, director del Posgrado en Educación Emocional y Bienestar de la Universidad de Barcelona.

Somos analfabetos. Existen más de 300 emociones clasificadas por neuropsicólogos. Algunos suben esta cifra hasta 500. La historiadora Tiffany Watt Smith, por ejemplo, describió el awumbuk, la sensación de vacío que dejan los invitados al marcharse de una casa en Papúa de Nueva Guinea.

La mayoría de personas en los tests no identifica más de 20. Emociones primarias, secundarias, simples y complejas, una paleta de colores cromática que se mezcla en las pinturas de nuestra caverna personal. Un verdadero lenguaje de las entrañas, repleto de matices, mezclas, sinergias, canales, un aprendizaje que en un principio nos parecerá chino.

Es importante que los niños vayan desarrollando un vocabulario emocional

"El mundo emocional tiene una complejidad muy grande, y para los niños es bueno acompañarles en este vocabulario. En realidad somos todos analfabetos en este sentido, yo digo que como especie nos estamos humanizando, estamos aprendiendo y nos queda mucho camino por recorrer todavía", explica Sílvia Palou, psicóloga y maestra infantil.

Humanizarse... si hablamos de la urgencia de una paz global, del aumento del estrés o la depresión, cuando nos horrorizamos frente a la violencia eterna, asistimos a la batalla emocional. A éxitos y fracasos de las regiones sutiles. Dominios irresolubles si solo apostamos por un saber cognoscitivo. Las emociones están interconectadas. Del miedo puede salir el enfado. De la humillación la rabia homicida. Podemos poner en el mapa sus hélices y conexiones, entender su poder físico y mental, sumergirnos en esa alquimia constante, en la que nada es evidente. La emoción es descarga. Su regulación será básica para la convivencia y el bienestar en este planeta herido.

Una buena gestión en la infancia previene conductas de riesgo. "La educación emocional busca el desarrollo de las dimensiones del ser humano en equilibrio. No es caer en sensiblerías, sino ayudarles a pensar y a tomar decisiones", concluye la psicoterapeuta Begoña Ibarrola.

Humanizarnos. Aspirar al equilibrio, antes de que esta especie se abandone en la cuerda floja. Hoy, sapiens, dispones de herramientas. Úsalas bien. Es un reto. Siente...

La inteligencia no es solo una

La inteligencia emocional encontró un gran aliado en la Teoría de las Inteligencias Múltiples, desarrollada por el neuropsicólogo Howard Gadner. Se preguntó por qué personas consideradas muy inteligentes fracasaban en la vida.

Llegó a la conclusión de que debíamos ampliar el espectro. No existía una única inteligencia, sino varias. La visual-espacial, lingüística, matemática, musical, etc. Y ahí estaba la emocional, destrezas de autoconocimiento y de relación con los demás.