Hace ahora quince años Ligia Ceballos (Lily), que entonces tenía 33, descubrió que no había nacido en Mérida (México) y que no se llamaba Ligia como había pensado hasta entonces. Sus padres, o las personas que consideraba sus padres, le confesaron que no era hija biológica. Le contaron que el arzobispo de Yucatán en mayo de 1968 les puso en contacto con el arzobispado de Madrid, ciudad a la que acudieron a por una niña.

Lily en realidad nació el 29 de mayo de 1968 en un hospital madrileño bajo el nombre de María Diana Ortiz Ramírez. Lo averiguó en uno de los primeros viajes que esta mexicana, con residencia en EE UU, realizó a España en busca de su familia biológica, una búsqueda que todavía no ha fructificado.

Huyendo de las trabas que las ONG encuentran dentro de España en las investigaciones sobre bebés robados, Amnistía Internacional ha decidido reclamar justicia en terceros países. Como México, donde este jueves ha pedido que la Procuraduría General investigue el caso de su ciudadana Ligia Ceballos.

Seguir en la búsqueda tantos años exige tenacidad La organización considera que podría enmarcarse en el entramado de bebés robados que se produjo en España desde los primeros años del franquismo y hasta los primeros de la democracia.

"En nuestra opinión, este caso reviste las notas características de una desaparición forzada como crimen de derecho internacional. Además, en su caso concurren otros elementos identificados como recurrentes en las desapareiciones forzosas de menores, como son el registro de la niña con información falsa o la falsificación de documentos como su partida de nacimiento", señaló Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España.

Lily entiende que el proceso que se abre ahora con la denuncia de Amnistía Internacional "llevará tiempo" y está dispuesta a seguir esperando si con ello finalmente consigue, "ya no solo encontrar a mis padres, sino esclarecer lo que ha ocurrido en España con todos los casos de bebés robados", explica en una conversación telefónica desde México, unas horas antes de que se interponga la demanda por su caso.

La búsqueda de su verdadera identidad y de sus orígenes comenzó para Lily bastante antes de que en España se hablara de los bebés robados, en 2002. En sucesivos viajes explica que le cerrarron muchas puertas, pero que recibió el apoyo de instituciones como el registro civil, el archivo regional madrileño, el instituto del menor y la familia, entre otros. Incluso consiguió que le dieran su partida de nacimiento original.

Ahí consta que fue bautizada e inscrita en el distrito del Congreso de Madrid con el nombre de María Diana en mayo de 1968. En julio fue entregada desde una inclusa a Nazario Ceballos y Liguia Graciela Franco, quienes le contaron que en Madrid les recomendaron que al llegar a México la registraran de nuevo y quemaran sus papeles originales, incluido el pasaporte, para no perderla.

"Seguir en la búsqueda tantos años exige tenacidad", reconoce Lily. "Hay que estar comprometido intensamente, aunque hay momentos en los que he tenido que parar por la carga emocional. No he tirado nunca la toalla. Si en algún momento he dudado de seguir, la búsqueda me volvió a encontrar a mí. Mi historia me ha perseguido, me ha alcanzado y me ha vuelto a emocionar".

Amnistía confía en que se abra un proceso judicial en México que permita sentar un importante precedente para otros casos similares. La organización de defensa de derechos humanos vuelve a solicitar a España "que fortalezca los esfuerzos para buscar e identificar a quienes podrían haber sido víctimas de apropiación, desaparición forzada y/o sustitución de su identidad". La organización cifra en 30.000 los posibles bebés robados.