"Mi padre quemó mi cuaderno con todos mis escritos y eso explica esta novela». Holden Centeno a sus 26 años publica su tercera obra, Mi silencio habla de ti (Aguilar), y no tiene problemas, aunque ni se quita las gafas ni el seudónimo, en reconocer que el libro es él y su vida y el resultado de lo que su progenitor le hizo.

De hecho, así empieza la obra, ilustrada por otro joven, José Luis Algar (27 años): «Prepara tus poemas, enciende las cerillas, esta noche arderán todos esos versos que siempre te gustaron». Dicho y hecho, y no ahorra el detalle en la novela 100% biográfica («todo lo que cuento soy yo y mis vivencias», nos dice sin que se lo preguntemos).

Echo mucho de menos que haya en nuestra generación un verdadero artista, alguien como Dalí «Ese fue el texto que me recitó mi padre antes de quemar todos los cuentos y poemas que escribí con doce años». Poco después añade la explicación de este libro, de las letras de Holden, de las llamas en las que ardieron sus letras: «El silencio es demasiado bonito para estropearlo con palabras que no están destinadas a reconciliarse con el mundo».

Ese ha sido el aliciente, la meta y el resultado, y así lo relata Centeno, que pese a ocultar la mirada se intuye emoción en sus ojos: «Mi padre quería que si escribiera no fuera para hacer infeliz a la gente sino todo lo contrario. Estuve muchos años sin hablarle, casi hasta el final. Y este libro nace de él y de allí».

Holden Centeno, que se convirtió primero con un blog y luego con La chica de los planetas (Suma, 2014) continuado por 365 días con La chica de Los Planetas (Suma, 2015) en el fenómeno de la literatura millennial, no tuvo siquiera que llamar a editorial alguna, ellas fueron a buscarlo («soy un tipo normal, pero con suerte») reconoce las ausencias de su generación, pero también reivindica que son lectores y que la poesía está en auge por ellos: «Si pudiera elegir un momento para vivir sería el de la Residencia de Estudiantes, Lorca.... Echo mucho de menos que haya en nuestra generación un verdadero artista, alguien como Dalí o Buñuel, por ejemplo. No los hay. Yo, mírame, no soy nadie».

José Luis Algar, además de ilustrar, recibió lo que el padre del autor anhelaba: «Con este libro me he reconciliado conmigo y con mis mierdas. Y aún me estoy curando. Tras acabar esto comienzo con mi vida. Igual si no hubiera ilustrado este libro estaría en la mierda. ¿Efecto Holden lo llamamos? Hace no tanto tiempo yo era un teleoperador de los que cuelgas en la siesta. Y ahora, mírame, con mis acuarelas, haciendo lo que me gusta».

Centeno no ha podido dejar lo que llama «su trabajo de esclavo de ocho putas horas, aunque ya podría vivir. Muy justo, eso sí».

Se sienten orgullosos de llegar a la gente de su edad, que los lean y los elijan, pero rechazan de plano cualquiera de las etiquetas que se les podría atribuir: «José Luis y yo nos consideramos poco, somos lo antimoderno, nos supera todo esto de molar. El postureo nos quema aunque la gente pueda decir que nosotros somos los primeros posturetas».