La maestra valenciana Alejandra Soler, una mujer pionera tanto en el campo del deporte como en el de la docencia, ha fallecido a los 103 años, según han confirmado fuentes próximas.

La maestra republicana Alejandra Soler se convirtió el pasado 9 de octubre en la primera mujer en recibir la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana y protagonizó los momentos más emotivos de la ceremonia institucional del Dia de la Comunitat Valenciana.

Aquel día, las palabras y espontaneidad de la que fue pionera en el deporte y la universidad española arrancaron una ovación e, incluso, alguna lágrima, entre los presentes, a los que invitó a hacer "un mundo mejor".

El Ayuntamiento de València ha expresado sus condolencias por la muerte de Soler, hija predilecta de la ciudad desde el año 2015, cuando el consistorio reconoció su "aportación pedagógica, lingüística y cívica a la sociedad de quien dedicó la mayor parte de su vida a luchar por la libertad, la igualdad y los derechos humanos".

La corporación municipal ha destacado también su "lucha por los derechos de la mujer, con el mérito de hacerlo en unos tiempos en los que la igualdad de género tenía menor reconocimiento y era una asignatura pendiente".

Una vida de lucha por la igualdad

Alejandra Soler nació en 1913 y muy pronto destacó por sus inquietudes sociales que le llevaron a afiliarse a la Federación Universitaria Escolar, un movimiento estudiantil que trabajaba por la modernización de la enseñanza, y participó también activamente en las revueltas de estudiantes que se produjeron durante la dictadura de Primo de Rivera.

Cursó estudios en el Instituto Lluis Vives y se licenció en Filosofía y Letras en 1935, cuando para las mujeres era aún difícil acceder a los estudios universitarios. Tras afiliarse al Partido Comunista, debido a la represión por el alzamiento de Asturias, marcó un punto de inflexión en su vida.

Fue activista en favor de la República, y debido a la derrota en la Guerra Civil se exilió a la Unión Soviética junto a su marido, el periodista Arnaldo Azzati. Allí permanecieron hasta el año 1971, año en el que se instalaron en Madrid. Y fue seis años después cuando regresó a su València natal. Durante su larga etapa en la antigua URSS ejerció un papel fundamental en la educación de los conocidos como "niños de la guerra", los que fueron evacuados lejos de sus casas y de sus familias.

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial impartió clases y fue responsable de la Cátedra de Lenguas Latinas a la Escuela Superior Diplomática de Moscú. También fue profesora de la cátedra de Lenguas Románicas, y escribió diversos  manuales de enseñanza de castellano, así como un diccionario fraseológico, que sigue vigente no sólo en Rusia, sino también en otros países. Fue galardonada con la Orden de Lenin a las Aportaciones Culturales, con la Insignia de Honor y con la Medalla al Valor. En el mes de octubre de 2015 fue nombrada Hija Predilecta de la ciudad por el Ayuntamiento de València.