En un pub del Soho londinense, en 1961, Francis Bacon conoció a George Dyer, un delincuente del entonces conflictivo y pobre East End de Londres, atormentado por la depresión y la inseguridad y sumergido en el alcohol. El artista —que ya superaba los cincuenta años— se enganchó a la fragilidad disfrazada de dureza de aquel joven que apenas llegaba a la treintena.

Fue modelo de al menos 40 pinturas. La relación, tortuosa y distorsionada por el alcoholismo de ambos, finalizó con el suicidio de Dyer diez años después, en un hotel en París, poco antes de que el artista estrenara su más prestigiosa retrospectiva en el Grand Palais. Bacon se desmoronó física y mentalmente a pesar de mostrar serenidad en su vida pública, tiñó sus obras de muerte y pérdida, en muchas era Dyer el protagonista.

Retrató por primera vez a su mayor inspiración, muso y amante en Three Studies for a Portrait of George Dyer (Tres estudios para un retrato de George Dyer). El tríptico de 1963 es un anuncio del asombroso lenguaje que Bacon desarrollará en su estudio de la forma humana, imperfecta y visceral, atrapada en la penumbra, el movimiento brusco, la angustia, la opresión, lo extremo. La cara de Dyer es una masa turbia pese al detalle, cada recuadro es un instante oscuro.

La casa de subastas Christie's anuncia que la excepcional pieza "de belleza convulsiva" saldrá a la venta el 17 de mayo en Nueva York como estrella indiscutible de un lote de obras de arte realizadas tras la II Guerra Mundial y contemporáneas. Se estima que el precio de salida del tríptico oscilará entre los 50 y 70 millones de dólares, aproximadamente entre 47,5 y 66,5 millones de euros. Antes de subastarse al otro lado del Atlántico, la obra se expone al público hasta el 8 de marzo en la sede de Christie's en Londres.

Como Dora Maar para Picasso

Es la primera vez que el conjunto de tres cuadros sale a la venta. Su dueño durante muchos años fue Roald Dahl, el escritor galés, amigo y admirador de Bacon. Dahl aprovechó el éxito de sus libros infantiles James y el melocotón gigante y Charlie y la fábrica de chocolate así como el encargo del guión de la película de James Bond Sólo se vive dos veces (Lewis Gilbert, 1967) para permitirse comprar cuatro obras del artista entre las que estaba la que ahora se subasta.

El dueño fue durante muchos años el escritor Roald Dahl, admirador de Bacon"Este poderoso retrato ejemplifica el dinamismo y la psicología compleja por la que, sobre todo, se venera al artista. George Dyer es para Bacon lo que Dora Maar fue para Picasso", declara Loic Gouzer, vicepresidente del departamento de arte posterior a 1945 y contemporáneo en Christie's, que califica a Dyer como "posiblemente el modelo más importante de la segunda mitad del siglo XX".

Gouzer señala que fue "el personaje (...) y sus rasgos físicos" los que actuaron como  "catalizadores" del salto definitivo de Bacon a la condición de maestro. "El Francis Bacon que conocemos hoy, no habría existido sin la relación transformadora que tuvo con George Dyer".