"Quiero representar todo lo que no es representado en otra parte". El alemán Wolfgang Tillmans, uno de los creadores con mayor caché de su generación —nació en 1968—, no se queda corto en pretensiones. Ganador en 2000 del Premio Turner que concede la galería Tate, una especie de Oscar de las artes plásticas en el mundo anglosajón, y consagrado como uno de los más influyentes fotógrafos artísticos de hoy, presenta ahora en la más amplia retrospectiva de su obra.

El polifacético artista, que vive entre Londres y Berlín, presenta hasta el 11 de junio en la Tate Modern de la capital británica Wolfgang Tillmans: 2017, una amplia retrospectiva de un cuarto de siglo de trabajo. Los soportes elegidos ofrecen una primera definición del ansia por abarcarlo todo del artista —"lo primero que me pregunto es siempre lo mismo: ¿puedo hacer una foto sobre esto?"—.

Vídeos, diapositivas, audiovisuales, música, un par de instalaciones y, por supuesto, fotos, componen la exposición, cuyo ensamblaje estructural tiene que ver con la inestabilidad del mundo y los peligros que acechan a la humanidad según un creador que nunca elige la línea recta del realismo como forma de aproximación, porque prefiere construir metáforas o jugar con los símbolos. El estilo indirecto, precisamente, le lleva a temer, como ha declarado en entrevistas recientes, que le tomen por un esteticista esnob.

Si la última jugada pública de Tillmans había sido hacer campaña contra el brexit colgando en Internet 25 carteles de uso libre para defender que el Reino Unido siguiera formando parte de la UE, ahora es fácil entender de dónde procedía el compromiso. El fotógrafo, cada vez más radical en sus planteamientos estéticos, está convencido que desde 2003, con la invasión de Iraq, todo ha ido a peor.

Lo real y lo falso, simultáneos

La obra más reciente tiene que ver con la presencia simultánea de lo real y lo falso en las noticias y el corazón del discurso político. Piezas como Lampedusa —una barca varada en la arena con parte del casco triturado— presentan un tema tan sensible como el de los solicitantes de asilo y refugio desde un punto de vista de dolorosa frialdad.

El 'ruido' de una televisión analógica como crítica a la invasión digital La abstracción sigue llamando la atención a este cronista inconforme y disgustado con la invasión digital: en Sendeschluss (Fin de la emisión, 2014) llena la totalidad del cuadro con el ruido de una señal de un canal analógico de televisión que ha sido cerrado y en la serie Blushes, iniciada en 2000 y todavía en curso, colecciona pruebas fallidas de revelado o impresión en el cuarto oscuro.

'¿Dónde estamos?'

En la exposición hay retratos, paisajes y naturalezas muertas, pero siempre con un acercamiento turbio. Una escena de un club nocturno parece proponer la alegría de un espacio social seguro para que las personas sean ellas mismas, mientras que una imagen a gran escala del mar o de un edificio en Sonora (México) culminado por un misterioso y equívoco anuncio con el lema "¿Dónde estamos?" apuntan a lugares donde las fronteras se cruzan y los márgenes están en perpetuo cambio.

Activistas gay rusos presentados como modelos de ropa También se exponen retratos íntimos sobre la delicadeza, fragilidad y belleza del cuerpo humano, como la serie sobre activistas gay rusos que publicó en la revista i-D como si se tratase de un editorial de moda y dos instalaciones específicas, Playback Room, un espacio dentro del museo para que los visitantes puedan escuchar música creada por Tillmans con la manipulación del sonido de sus pasos, y la proyección de diapositivas South Tank, con fotos de 37 países de cinco continentes.