Aunque la palabra grabar, tomada del francés graver, está documentada en castellano desde el siglo XVI —con el significado de "trazar en una materia, marcas, letras o signos con una pieza incisiva"—, los grabados como método artístico o de difusión de copias múltiples de un mismo original aparecen en épocas tan remotas como la civilización Sumeria —Mesopotamia, hace unos tres mil años—, donde los diseños eran tallados sobre piedras pulidas de forma cilíndrica que luego se hacían rodar sobre arcilla blanda para obtener una impresión del original.

Los creadores plásticos siempre se han sentido fascinados por el grabado y sus variantes: según la matriz, pueden ser obtenidos a partir de metales como el cobre o el cinc, la madera, el linóleo o la piedra, sobre las que se dibuja con instrumentos punzantes, cortantes o mediante procesos químicos y también, desde el siglo XX, mediante procesos fotográficos o con láser.

La exposición The Woodcut: From Dürer to Now (El grabado en madera: de Durero a la actualidad) saca de los fondos de la Pallant House Gallery de Londres una fascinante colección de obras de los últimos cinco siglos. En la muestra hay piezas del Renacimiento del norte de Europa, de Japón y de artistas contemporáneos.

Los organizadores recuerdan que el grabado a partir de planchas de madera fue perfeccionado en Japón en el siglo VIII. La técnica tardó quinientos años más en extenderse por Europa, donde se desarrolló considerablemente con la producción en masa de papel del siglo XIV. Desde entonces, la práctica totalidad de los grandes artistas del continente incluyeron la técnica en sus catálogos.

Durero, figura central

La tradición occidental del grabado de madera culminó a finales del XV con la obra de Alberto Durero, que culminó obras de impresionantes detalles, y al que siguieron artistas tan notables como los holandeses Hercules Segers, experimental y admirado por Rembrandt, o Hendrick Goltzius, cuya precisión era considerada inigualable.

Durero aprendió cómo trabajar en alianza con los artesanos talladores Es improbable que Durero haya cortado algún bloque de madera en la primera mitad de su carrera, pero después de haberse formado en el estudio de Nuremberg de Michael Wolgemut, entonces el gran centro de la edición alemana, el maestro obtuvo una gran comprensión del potencial de la técnica y de cómo trabajar en alianza con los artesanos talladores.

Lenguaje revolucionario

La imagen Reposo durante la huida a Egipto (1504), una de las joyas de la exposición, muestra como el artista, pese al tema tradicional, apunta ya el lenguaje revolucionario de enfoque, tamaño y sutileza de la técnica. El interés de Durero en las teorías científicas sobre la perspectiva también se pueden apreciar en las elaboradas formas arquitectónicas que enmarcan el tema central.

La escuela japonesa era la del 'ukiyo-e', las 'imágenes del mundo flotante' A finales del siglo XVI, el grabado en madera comenzó a caer en desuso en Europa debido a nuevos procesos de impresión. En Japón, sin embargo, la técnica de impresión en madera conocida como mokuhanga siguió desarrollándose. Difundido por la escuela del ukiyo-e (traducido libremente como "imágenes del mundo flotante"), el mokuhanga utiliza tintas a base de agua, que proporcionan una gama amplia de colores vivos, esmaltes y transparencias que las tintas a base de aceite utilizadas usadas por los artistas europeos.

Grabadores contemporáneos

La artista contemporánea británica Rebecca Salter, que estudió técnicas tradicionales de grabado en Japón, presenta dos obras sobre muselina que representan, según la galería, un tour de force de la clase de estampado conocido como de estilo Kyoto. Otros creadores occidentales que revaluaron el grabado en madera son Edward Wadsworth y Ben Nicholson, que introdujeron lenguajes de vanguardia, y Emma Stibbons.