La atmósfera la crean los puntos, partículas de luz que perfilan la esencia de las figuras. Georges Seurat (1859-91) dio un paso más en la ambición impresionista de captar los matices y cambios del paisaje, inventó el puntillismo.

Pintó Parade de cirque entre 1887 y 1888. Era la primera vez que el artista francés representaba un espectáculo popular; también se estrenaba pintando una escena nocturna. La luz artificial está recubierta de penumbra, todo se ve a través de un velo oscuro de tarde-noche.

Sobre el reducido escenario, la troupe del Circo Corvi en la Plaza de la Nación de París intenta atraer a los clientes para que compren entradas para el espectáculo en la carpa. La estudiada simetría de la composición parece aplacar las voces, el ruido y la música, hay una calma clásica y solemne. Considerada ya en el momento —cuando se expuso en 1888 en el Salon des Indépendants de París— como una de las obras más crípticas de Seurat, él, poco amigo de hablar de su trabajo, nunca dijo nada sobre el cuadro.

El MET de Nueva York atesora el óleo y lo encumbra a pieza central en la exposición Seurat’s Circus Sideshow (El puesto circense de Seurat), un conjunto de más de 100 pinturas, dibujos, grabados, carteles, diarios ilustrados, documentos y objetos en torno a las ferias y los espectáculos circenses de la época. Hasta el 29 de mayo en el museo neoyorquino, la muestra reúne trabajos del artista y de otros autores, del osado y revolucionario caricaturista Honoré Daumier hasta el joven Picasso ya en el cambio de siglo.

Bonnard, Signac, Anquetin...

Del maestro puntillista se exhiben además varios dibujos. En manos de Seurat, los lápices conté que utilizaba en los estudios fueron herramientas idóneas para combinar el aura polvorienta del grafito y la espesura fangosa de la cera.

Combinó con lápices conté lo polvoriento del grafito y lo fangoso de la ceraDaumier es una presencia constante en las varias secciones de la muestra. El autor sentó precedentes usando el circo para la sátira en afiladas litografías, acuarelas y pinturas en las que abundan personajes sórdidos y burlescos.

Piezas de coetáneos parisinos de Seurat como Pierre Bonnard, Paul Signac, Louis Anquetin o Louis Hayet atestiguan un interés artístico general por el atractivo del desfile circense. El filón creativo del espectáculo cómico sigue dando resultados en el siglo XX tal y como ilustran los trabajos de Picasso Barraca de Feria —que pintó el óleo en 1900, tras su primera visita a París— y Desfile de circo (1907-10), del fauvista y expresionista Georges Rouault.