Piensen en los fundadores de Apple. Steve Wozniak era el genio creador, el ingeniero brillante que ideó algunos de los sistemas que han marcado el desarrollo tecnológico de las últimas décadas. Steve Jobs era la mente empresarial, el cerebro práctico capaz de convertir cualquier buena idea en un negocio rentable o incluso millonario.

Ahora imaginen que Jobs y Wozniak no hubieran sido los buenos amigos que fueron sino socios mal avenidos o incluso enemigos, y trasladen la situación al negocio de la comida rápida. Eso es exactamente lo que cuenta El fundador, la historia de cómo el avispado y egocéntrico Ray Kroc (el hombre de negocios) descubrió el prodigioso sistema de los hermanos McDonald (los creadores) y lo convirtió, pasándoles por encima, en la monstruosa cadena de hamburgueserías que hoy se expande imparable por todo el globo.

En la película, todo gira en torno a Ray Kroc, él es el núcleo y motor de la trama, y la elección de Michael Keaton para darle vida no podría haber sido más acertada. El actor, que vive desde hace tres años uno de los momentos más dulces de su carrera, construye aquí un personaje carismático que confunde al espectador inspirándole una mezcla de admiración, incredulidad e indignación.

Aunque el tipo demuestre ser un cara dura capaz de apropiarse de una idea ajena y hacer lo que sea necesario para triunfar, su capacidad para ver la oportunidad resulta envidiable. Kroc era un vendedor ambulante, un charlatán estadounidense de mediados del siglo XX que logró convertirse en el jefe de una empresa multimillonaria. ¿Cómo no venerar, en cierto modo, tal hazaña?

Se echa de menos un tono más ácido y descarnado en un relato que lo merecía y daba pie a ello

Él tenía lo que a los hermanos McDonald les faltaba para llegar aún más lejos: ambición, visión estratégica y, como él repite en varias ocasiones en la película, persistencia. Era un visonario. ¿Acaso no se merecía el éxito? El problema, sin embargo, no es lo que Ray Kroc tenía sino aquello de lo que carecía, escrúpulos. "Se apropió de una idea y el mundo se la comió", reza el cartel de El fundador, y no se me ocurre mejor resumen de esta historia, incluso desde la lectura más soez posible.

Por desgracia, a pesar de la crítica explícita, la película falla como alegato contra las trampas del capitalismo y el llamado sueño americano. Tal vez esa no era la intención del director, pero se echa de menos un tono más ácido y descarnado en un relato que lo merecía y daba pie a ello.

Esto no arruina el conjunto. La historia de la creación de McDonald's es increíblemente interesante, llena de annécdotas y curiosidades, casi un ameno manual sobre el emprendimiento y la administración y dirección de empresas. Pero, sin un posicionamiento ético marcado, la moraleja que queda es peligrosa: el fin justifica los medios. No importa lo que tengas que hacer para alcanzar el éxito, todo está permitido, desde pervertir una filosofía hasta pisar al rival sin remordimientos. El mundo parece ser, en palabras del propio Kroc, de los desalmados.