¿Podemos elegir nuestro destino? ¿Es mejor no elegir? Quizá esa sea la pregunta fundamental que plantea Trainspotting, la novela de Irvine Welsh que Danny Boyle, años después, convertiría en una película de culto de las que acaba de estrenar su segunda parte. Pero, como suele pasar, la película no cuenta toda la historia. Para eso está el teatro.

Desde el sábado se puede ver en el Teatro Pavón Kamikaze de Madrid (con espíritu de salir de gira después) la adaptación teatral de Trainspotting que ha hecho Rubén Tejerina y que dirige Fernando Soto, con un elenco formado por Críspulo Cabezas (Renton), Luis Callejo (Begbie), Sandra Cervera (Lizzie), Mabel del Pozo (Alison) y Víctor Clavijo (Sick Boy).

Este último explica que "la obra de teatro ofrece mucho más material que la película. El que quiera ver la función se va a encontrar con cosas que Boyle no cuenta". Con este formato se puede "profundizar un poco más en los personajes y ver que siguen siendo universales y están aún vigentes", añade.

La versión teatral de esta historia sobre las drogas, la mala vida y la esperanza es "una función que les va a golpear, que les va a remover, pero que también les va a divertir mucho". Porque "aunque no vamos buscando la risa del público, lo que pasa es que la comedia está ahí. Es una obra que provoca risas congeladas, estupor, removimiento de tripas", asegura Clavijo.

La película de Trainspotting es ya un clásico y su hermana teatral no se estrena para competir con ella. "Es como si estuvieras haciendo Hamlet. Son universales, se han hecho ya, pero a la vez son completamente distintas", sostiene Clavijo y avanza que consiguen "que llegue un momento en el que el público se olvide por completo de la película".

Esta nueva adaptación es un trabajo de La Competencia Producciones, que desembarca en el teatro tras producir series y programas de televisión como Con el culo al aire, Ella es tu padre, Levántate o Los Gipsy Kings. Estará en cartel en Madrid hasta el 7 de mayo.

Cinco preguntas a... Luis Callejo

  1. ¿Cómo se le pone sello propio a una historia de culto? Parecía complicadísimo y el director ha conseguido que sea fácil. La forma da el fondo: es una obra de teatro, no cine; en español, no en inglés...
    tiene muchas cosas que no tiene la película, así que es otra historia, entre comillas. Al final Trainspotting es una marca y, si se está nombrando por ahí, eso nos favorece.
  2. ¿Qué aporta la versión teatral? Tiene un ritmo frenético y, al igual que la película, es como un puñetazo al espectador, algo punki. Eso en un teatro se recibe de manera más directa que en la sala de cine. Es mucho más visceral.
  3. ¿Cómo ha sido interpretar a un personaje que ya tenía cara? Para romper la asociación no hay que hacer nada. Soy otro actor. La gente creo que ni recuerda el nombre del personaje. Me decían: "¿Para qué papel te han cogido, para hacer del hijoputa?"
  4. ¿Cómo es su Begbie? Es un bárbaro, hace algunas cosas en la obra de teatro que no vemos en la película y que dices: '¡Qué tío más asqueroso!' Y luego sin embargo te hace reír, aunque después se te congele la risa.
  5. ¿Podemos elegir nuestro destino? Desde el principio de los tiempos la respuesta es no. Aparentemente cada vez tenemos más opciones y sin embargo estamos más reconducidos, más observados, más juzgados. Estamos muy controlados.