El precio del petróleo en los últimos meses es como un animal enjaulado. Intenta escapar por arriba, pero le agarran los pies. Y al tratar de huir por abajo le tiran de la cola. Así lleva desde diciembre, zarandeado en una cotización de barril que ni baja de los 40 dólares ni sube de 60.

El carcelero del petróleo es el mercado y el fracking hace de alcaide. La explicación es sencilla. Por debajo de 50 dólares muchos productores por fracturación hidráulica apagan máquinas porque el coste de extraer un barril supera su precio de venta. Con menos oferta en el mercado, el crudo se encarece. Es lo que pasó en 2016, cuando el petróleo remontó poco a poco tras marcar un mínimo de 28 dólares por el acuerdo de la OPEP para recortar la producción.

Pero la escalada se detuvo en 60 dólares. "Los precios se hundieron en marzo un 20% cuando volvió a aumentar la producción por fracking en EE UU", recuerda Daniel Pingarrón, analista de IG. A ese precio, muchos de los frackers expulsados ya pueden reiniciar su actividad. Eso metió más producto en el mercado. Y el precio volvió a caer. La trampa perfecta. En los últimos cinco meses, se debate en una franja estrechísima de 51 a 56.

Esta estabilidad afecta al consumidor. Si petróleo se estanca, las gasolinas van a la zaga porque la materia prima supone más de un tercio de su coste (el resto son impuestos, gastos operativos y margen de beneficio). Y es lo que ha pasado desde diciembre. Coincidiendo con el cierre del grifo de la OPEP, las gasolinas se han aplanado. Desde enero, la súper 95 ha trepado tres céntimos (hasta 1,21€/l) y el gasóleo apenas dos (1,094 €/l).

Si ha acudido a reposar en Semana Santa, habrá comprobado esta planicie. La gasolina apenas se encareció un 0,25% en la semana previa al comienzo de los viajes tempranos del pasado viernes y en el último mes se abarató incluso un 1,7%. El gasóleo, por su parte, se abarató un0,18% en la última semana y un 2,76% en el último mes. Bajadas paralelas a la caída del 8,4% del crudo en esas fechas. Nada que ver con el encarecimiento del 4,4% del gasóil y del 2,8% de la gasolina, el año pasado, en el mes previo a la Semana Santa, cuando el petróleo se aupó hasta un 22,3%.

"El precio de las gasolinas se mantendrá anclado este año y será estable, con una variación máxima del 20% arriba o abajo", apunta Pingarrón. El Banco de España también lo cree. El organismo estimó la semana pasada que el barril cotizará este año a una media de 52,4 euros y seguirá plano en 2018 (52,1) y 2019 (51,9). Saudi Aramco, el mayor exportador mundial de petróleo, tampoco espera que supere los 60 dólares en esta década.

"Para que suba por encima de 60 tendría que haber una sensación clara de que la inversión en fracking no compensa la retirada de petróleo extraído convencionalmente o que no cubriese la demanda", cree Pingarrón. Pero parece pasar lo contrario. Según la petrolera ConocoPhillips, el aprendizaje tecnológico de la fracturación hidráulica permite ya a algunos productores estadounidenses ser rentables con el barril a 40 dólares y eso ha permitido incrementar en los último meses los pozos operativos de fracturación hidráulica.

Si se extendiese la guerra, el mercado se tensaría con  movimientos especulativosNo todos están de acuerdo en que ese sea el motivo. "El repunte actual se debe a la esperanza de que Trump favorezca la inversión en fracking", defiende Antonio Turiel, científico del CSIC. "Este tipo de perforaciones llevan dando pérdidas desde hace siete años , ha sido una ruina para todos los productores y solo uno está logrando ser rentable".

Turiel considera "absurdo" decir que el precio del petróleo no va a subir y se alinea con un informe del HSBC que augura una escalada de precios que alcanzará su pico en 2018 por una caída de la producción consecuencia de las desinversiones de las petroleras en los yacimientos. "Y esto no solo subirá las gasolinas, también al resto de precios que dependan de la energía y del transporte, incluidos los productos en el supermercado", dice.

"Es difícil que vuelvan a superarse los 100 dólares de 2014",  contradice Pingarrón, que solo identifica un escenario que lo cause: una escalada bélica en Oriente Medio tras el ataque estadounidense a Siria. "El mercado se tensaría con movimientos especulativos, se adelantarían compras para elevar reservas y aumentaría el precio del barril y de las gasolinas", dice este analista, que ya señala "un alza ligera de precios en los últimos días".

¿La menor demanda podría bajar precios en el futuro?

El analista de IG no duda que "las petroleras enseguida trasladarían la subida del petróleo a los surtidores con el ese llamado efecto cohete", aunque cree que la subida sería coyuntural y no variaría la estructura de un mercado que, según algunos expertos, ha virado su preocupación desde el peak-oil (la máxima producción tras la que llegaría el declive de crudo) a un peak-demand.

La demanda mundial de petróleo, según este augurio, se reduciría por el avance de las energías renovables, la electrificación progresiva del transporte, y la necesidad de cumplir los objetivos firmados en París para 2050 sobre el recorte a los combustibles fósiles. Con una demanda inferior, las petroleras se verían forzadas a vender su producto a un precio inferior. Y si no les saliese rentable, incluso a no venderlo.

Turiel lo ve algo lejano: "Puede que el futuro sea un 100% renovable, pero será incapaz de igualar el nivel de consumo energético actual, ahora solo pesan un 3% del consumo mundial, por el 91% de la suma de combustibles fósiles y urano ", dice este experto sobre pico petrolífero y autor del blog The Oil Crash. "Cada vez se necesita menos consumo de petróleo, pero es difícil cuantificar qué cuota de mercado le puede restar el crecimiento de las renovables y de los vehículos eléctricos", añade Pingarrón.