Rudolf Belling (1886-1972) fue uno de los más importantes escultores alemanes del modernismo. Pionero de las vanguardias artísticas que florecieron en centroeuropa antes de la II Guerra Mundial, fue condenado por los nazis por su estilo radical —y por haber estado casado con una judía— y debió escapar del país para salvar la vida.

Aunque en su momento era el gran referente de la escultura alemana —también era arquitecto, disciplina en la que firmó media docena de obras notables [mapa interactivo de edificios en los que participó]—, disfrutaba de un sillón como académico de Bellas Artes y despertó pasiones y polémicas, sobre todo con la obra Dreiklang (Triada), un editorial escrupuloso de su idea de la trimensionalidad como fuerza dinámica y central del arte, Belling cayó en un oscuro olvido durante décadas.

La Hamburger Bahnhof, uno de los museos del consorcio de pinacotecas públivas de Berlín, repara un olvido de varias décadas con la primera exposición en los últimos cuarenta años dedicada a quien fue uno de los creadores más radicales de su tiempo. La pinacoteca recuerda que la Nationalgalerie, el museo de arte moderno de la ciudad, fue el primero en mostrar las creaciones del artista, en 1924.

La retrospectiva casi integral de la obra de este "pionero de la abstracción escultórica" se titula Rudolf Belling: Skulpturen und Architekturen (Rudolf Belling: esculturas y arquitecturas), muestra más de 80 piezas de las siete primeras décadas del siglo XX, estará abierta al público hasta el 17 de septiembre y es la constatación de que al autor tienen una "importancia destacada para las vanguardias" de la centuria pasada.

Fue escenógrafo, publicista, retratista, diseñador gráfico, arquitecto... Con esculturas, dibujos, maquetas de edificios, películas, fotografías y figurines, la exposición "ilumina las muchas facetas de un creador que no limitó su trabajo al medio de la escultura". Trabajó como escenógrafo y creador de vestuario para teatro, publicista, retratista y diseñador gráfico e industrial.

Variedad de estilos

Dueño de una "variedad única" de lenguajes, el "vocabulario estilístico" de Belling tampoco se queda corto. Desde el museo destacan que "va desde el expresionismo a la nueva objetividad, del futurismo al constructivismo y de la abstracción al naturalismo", porque no entendía la división del arte en estilos.

Hace un siglo diseñó los primeros maniquiés centrados en la forma En colaboración con arquitectos, creó interiores, escultura arquitectónica, fuentes y monumentos públicos, y diseños visionarios, como los primeros maniquíes realmente modernos, cuya esencia —desinteresada de los detalles y centrada en el dinamismo formal— es la misma que encontramos en los actuales. Entre los diseñadores modernos de maniquíes se considera que Belling fue un "utopista visionario" que se adelantó un siglo a su tiempo.

'Me doy permiso para hacer todo lo necesario'

La "heterogeneidad fronteriza" era para el artista motivo de orgullo. "Sea figurativo o abstracto, me doy permiso para hacer todo lo que me parece necesario para culminar una obra con formas orgánicamente sensibles", escribió en 1922. En otra idea adelantada a su tiempo entendía el "espacio vacío" como "parte elemental de la composición".

Este creador vanguardista fue condenado por los nazis como artista degenerado —ajeno a los valores raciales e ideológicos arios—, se le prohibió exponer y dictar clases. En 1935 logró salir del país y pasar unos meses en Nueva York, pero regresó a Berlín para rescatar al hijo de nueve años que había tenido con su exesposa, una mujer judía.

Vivió en Turquía hasta los 80 años. Sólo regresó a Alemania para morir Tras una fuga digna de película de aventuras en la que volaron ilegalmente de Alemania a Turquía, el artista se estableció en Estambul y vivió en la ciudad hasta los 80 años, cuando regresó a Alemania para morir y ser enterrado.