El periodista Julio Valdeón presenta estos días Sol y sombra, cruce de biografía y ensayo sobre Joaquín Sabina, desde los tiempos del "hombre que hizo de la calle un evangelio", especialmente de noche, hasta el que es a día de hoy, el que vislumbra más principio que final en el ocaso y así lo canta.

Según su autor, colaborador de medios como Efe Eme, Ruta 66, Onda Cero y La Razón, esta es una obra que por sus características solo puede nacer de la "admiración", con testimonios directos de más de 40 personas de su entorno que no renuncia a la "indagación crítica, a las luces y a las sombras".

"Dignificó las letras de la canción popular española, maridando la alta y la baja cultura, la calle y la tradición poética. Ya lo habían hecho otros cantautores, pero no desde sus presupuestos: la tradición norteamericana (aunque tiene también influencia francesa e italiana) combinada con la canción popular hispanoamericana, que lo hizo continuador de una forma de entender la copla", subraya.

Bajo ese prisma compone Sol y sombra (Efe Eme), "texto biográfico con la música como linterna", por lo que estructura cada capítulo en torno a sus discos y que intenta alejarse de los relatos que "tiran por lo más pedestre y de los que se centran solo en el Sabina letrista".

Porque, según subraya Valdeón, siempre hablamos de esa faceta, pero olvidamos que es un músico integral, "el tío que ha escrito Calle melancolía o 19 días y 500 noches, con un estribillo de un minuto que es apoteósico".

Dignificó las letras de la canción popular española"

"Además, ha sido siempre muy inteligente a la hora de colaborar en busca de la canción con mayúsculas, por lo que a su alrededor se creó un laboratorio con los mejores", recalca Valdeón, que cita a Manu Chao, Enrique Urquijo y Jaime Asúa como satélites eventuales de la órbita sabiniana.

En ese sentido, en el libro ocupan un lugar central Antonio García de Diego y Pancho Varona. "Sin él existe un puñado de canciones maravillosas que no existirían", justifica el autor, para el que "el gran motor del cancionero sabiniano ha sido la mujer, el amor y el desamor", y un poco por detrás la nocturnidad.

Las primeras líneas arrancan con el origen de sus padres y en ellas queda patente de dónde le viene lo que Manuel Vicent llamó "el amor por los momentos estelares que culminan con un disparate", esa cosa "tan española", prosigue Valdeón, "que es el genio para encontrar el reverso de las cosas, la greguería".

Desde la excelencia de su música hasta el devenir artístico

Tras Inventario (1978), el libro va recorriendo la discografía del artista, pero hay que llegar a Juez y parte (1985) para encontrar el primer álbum que le empieza a satisfacer al propio Sabina.

"A mí uno que me gusta especialmente es Esta boca es mía (1994). Con Física y química (1992) y Yo, mi, me, contigo (1996) compone una trilogía insuperable en la que depuró su forma de trabajo hasta la excelencia, con canciones espectaculares como Y nos dieron las diez, Contigo o El bulevar de los sueños rotos, y todo eso desembocó en 19 días y 500 noches (1999)", señala.

Aquel fue una "cima" en su carrera, reconoce Valdeón, que no se atreve a afirmar si el miedo a no superarlo marcó su devenir artístico posterior.

"Habría que estar dentro de su cabeza, pero él es un buen juez de su obra y es uno de los grandes discos de la música española. Después de eso, del accidente cerebral y del cambio de vida, se fue alejando de la música. Le faltaban sus temas centrales y las ganas", explica.

Hay que esperar hasta el reciente Lo niego todo para hablar de una resurrección artística. "La cara A es insuperable, con un sonido muy de banda y una rugosidad que le conviene, roquera y country. Y es interesante el reconocimiento de la edad. Cuando los mitos envejecieron, vimos que el rock servía para hablar del crepúsculo, y Joaquín ha encontrado cómo hincarle el diente a eso", apunta.

Él es un buen juez de su obra, y 19 días y 500 noches es uno de los grandes de la música española"

Entre las canciones, la que da título al disco es pura ironía y aprovecha para quitarse de encima el sambenito del "Dylan español", aunque haya sabido aprovechar sus influencias.

"Sabe que la comparación es odiosa, porque es una derrota segura. De todos modos, si Leonard Cohen hubiera escrito sus canciones en español y hubiese nacido en Zamora, en este país tan cainita no se le veneraría igual", opina Valdeón.

Para el periodista, con este disco elaborado junto a Leiva y Benjamín Prado "ha encontrado un terreno muy fértil, pero, si fuese el último, sería un colofón magnífico".