El Algarve es famoso por sus playas, pero viajar hasta esta región portuguesa puede ser mucho más que tumbarse al sol y bañarse en aguas cristalinas. Está además repleta de edificaciones medievales que ofrecen a quienes las visitan un viaje a través del tiempo.

Romanos, fenicios, musulmanes y cristianos pasaron por estas tierras dejando un importante legado cultural que ha perdurado en forma de castillos, fortaleza y restos monumentales que llenan de encanto la costa del sur de Portugal.

Castillo de Silves
Arranca la ruta con el castillo más importante del Algarve. Calificado como monumento nacional, y considerado como la edificación musulmana mejor conservada del país, el Castillo de Silves es parada obligatoria para todos aquellos amantes de la historia y la arquitectura. Esta fortaleza, fue construida por los almorávides árabes en siglo XI y refleja el esplendor de la civilización islámica de la época así como la importancia que tuvo esta región dentro del territorio conquistado. Está situado en la cima más alta de Silves y en su construcción destacan la puerta principal, custodiada por dos torres y el profundo foso de su interior así como una cisterna de 5 metros de profundidad y sus maravillosos jardines.

Castillo de Castro Marim
Otra de las paradas obligatorias en la ruta del Algarve es el castillo de Castro Marin, también considerado monumento nacional. Desde esta fortaleza amurallada, además de disfrutar de su arquitectura que data de entre los siglos XIII y XVII, se puede disfrutar de las maravillosas vistas y del río Guadiana, frontera con España.

Castillo de Paderne
El siguiente destino no es menos importante. También distinguido como museo nacional, el castillo de Paderne es uno de los siete representados en el escudo portugués. Esta edificación de la segunda mitad del siglo XII es el ejemplo más significativo de la arquitectura militar musulmana en toda la Península Ibérica. Foto: Kolforn.

Castillo de Loulé
El castillo de Loulé, construido originalmente en el siglo VIII y reconstruido más tarde por el rey Alfonso III, fue en su día uno de los principales centros comerciales del Algarve medieval que obtuvo después distintos usos hasta que ser destruido por 1755 por un terremoto. Ahora, su reconstrucción alberga el Museo Municipal de Arqueología de Loulé y desde fuera se puede observar la majestuosidad de su muralla así como de las torres y puerta de Faro, que conserva restos de la primitiva construcción almohade.

Castillo de Lagos
El castillo de Lagos tiene origen romano, pues fueron estos quienes lo empezaron a construir aunque con la conquista musulmana la fortaleza fue ampliada y dotada de carácter. Fue la Casa de los Gobernadores de Algarve hasta 1755, fecha en el que quedó afectado por las tempestades marinas. Tras su reconstrucción, fue reconocido también como monumento nacional en Portugal.

Castillo de Tavira
Los restos del castillo de Tavira datan del siglo VIII, momento en el que se ha fechado una muralla fenicia descubierta recientemente. Pero más allá de su arquitectura, Tavira también declarado monumento nacional y llama la atención por la belleza del jardín que rodea las ruinas y por la majestuosidad del paisaje que desde él se puede contemplar. La fortaleza, situada en alto y justo en el centro de la ciudad, permite contemplar las vistas de la localidad de Tavira y del paisaje del Algarve. Foto: Peter Roster.

Castillo de San Juan De Arade
El último de esta ruta, pero no por ello menos espectacular, es el castillo de San Juan de Arade o como se conoce en tierra portuguesas, el Forte de Sao Joao de Arade. Esta majestuosa construcción a pie de mar se puso en pie en 1640 y consiguió sobrevivir al terremoto que azotó la región en 1.775 siendo uno de los pocos castillos que lo consiguió. Actualmente está catalogado como monumento de interés público y desde él se puede disfrutar de una maravillosa vista de la desembocadura del río Arade y del puerto de la Marina de Portimão.