A poco más de 4 kilómetros del puerto de Santa Pola y unos 22 de Alicante está Tabarca, una pequeña isla de unos 0,3 kilómetros cuadrados declarada Bien de Interés Cultural y un lugar perfecto para pasear, desconectar y disfrutar de los encantos del Mediterráneo en la que fue la primera reserva marina declarada en España.

La isla concentra en sus 1.800 metros de largo y 400 de ancho una variadísima riqueza patrimonial y natural, ideal para una excursión. A Tabarca se puede llegar en barco o catamarán desde los puertos de Santa Pola, Torrevieja, Guardamar, Benidorm y Alicante en trayectos que duran más o menos una hora, dependiendo del punto de salida.

Esta maravilla de la Costa Blanca conserva la estructura que tenía en el siglo XVII y en ella se puede diferenciar a primera vista, incluso antes de llegar, la zona del pueblo de la del campo. El núcleo intra-muros está considerado desde 1964 Conjunto Histórico Artístico, dentro del cual destaca la iglesia de San Pedro y San Pablo, templo barroco con aspecto de fortaleza. También merece la pena visitar la 'plaça Gran', la casa del Gobernador y el museo del pueblo de gran valor histórico.

Pero es recomendable dar un paseo por la superficie y recorrer el exterior de la ciudadela. La muralla, construida con piedra de sillería y blasonada con varios escudos de armas, tiene tres grandes puertas –San Gabriel, San Rafael y San Miguel–, que dan acceso al núcleo urbano.

Tabarca fue la primera reserva marina declarada en EspañaSi se visita Tabarca es imprescindible sumergirse en las aguas cristalinas que la rodean. La playita, o playa central es la única playa como tal de la isla y está completamente equipada, pero además, la isla cuenta con pequeñas calas coma la Cova del llop marí o la Cala del Francés.

El entorno natural de la isla de Tabarca es Zona de Especial Protección para las aves y Reserva Marina. Hoy en día pueden disfrutarse de una gran variedad de especies marinas, tanto en fauna como en flora. El mejor de los miradores naturales es la cueva de Llop Marí, una gruta de unos cien metros de longitud, coronada de estalactitas. La gruta es el refugio natural de algunas especies de peces y aves acuáticas.

Si el hambre aprieta, es muy recomendable comer o picar algo en alguno de los distintos chiringuitos y restaurantes de la isla y probar el caldero, el plato típico de la isla.