La historia de la relación vital y frágil de la humanidad con el sol ha estado encerrada en nuestros dientes durante cientos de miles de años.

Un nuevo método está comenzando a dar respuestas a las principales preguntas sobre la evolución y la migración, utilizando pistas escondidas justo debajo del esmalte. Un grupo de investigadores de la Universidad McMaster, en Hamilton, Ontario (Canadá), con colegas en Quebec y Francia, revela el potencial del método en un artículo que se publicó el pasado jueves en Current Anthropology.

"Esto es emocionante porque ahora tenemos un recurso probado que finalmente podría dar respuestas definitivas a preguntas fundamentales sobre los primeros movimientos y las primeras enfermedades de las poblaciones humanas, así como nueva información sobre la importancia de la vitamina D para las poblaciones modernas", dice la antropóloga de McMaster Megan Brickley, autora principal del documento y catedrática de Investigación en Bioarqueología de las Enfermedades Humanas.

En 2016, los investigadores establecieron que la dentina -el material que forma el bulto del diente- lleva un expediente permanente sobre la deficiencia de la vitamina D o el raquitismo. Durante los periodos de deficiencia severa, no pueden mineralizarse nuevas capas de dentina, dejando marcadores microscópicos que los científicos pueden leer como los anillos de un árbol.

Esos marcadores pueden contar la historia de la adaptación humana cuando el hombre temprano se trasladó de África ecuatorial a regiones con menor cantidad de luz y puede explicar los cambios en la pigmentación de la piel para metabolizar más luz solar o cómo la vida en interiores ha dañado en silencio la salud humana.

Hasta ahora, no ha habido una manera fiable de medir la deficiencia de vitamina D con el tiempo. Como los autores muestran con ejemplos de dientes antiguos y modernos, el método es valioso para entender un trastorno de salud que hoy afecta a más de mil millones de personas.