Así se desprende del estudio 'Beneficios de la Agricultura de Conservación en un entorno de cambio climático', que ha presentado la Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos Vivos (AEAC.SV).

En dicho estudio se analiza el impacto positivo que la agricultura de conservación, técnica agrícola consistente en evitar el laboreo del suelo y en la preservación de una cubierta vegetal sobre la superficie del suelo, tiene para el medio ambiente y la agricultura en un entorno de cambio climático.

Según datos oficiales de Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente Murcia destina aproximadamente el 11% de su superficie agrícola a la práctica de Agrícultura de Conservación, situándose este porcentaje en línea con la media española (11%).

La generalización de esta práctica agrícola, basada en la siembra directa, el mantenimiento del suelo con una cubierta protectora de forma permanente, así como la rotación y diversificación de cultivos puede llegar a compensar el 112% de las emisiones de CO2 en la agricultura española.

Este aspecto resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que el 9% de los Gases de Efecto Invernadero emitidos por la UE provienen de la agricultura.

Las regiones agrícolas mediterráneas se verán especialmente impactadas por el incremento de temperaturas y la disminución de lluvias, las cuales, se producirán cada vez más de forma torrencial.

Esto supone un riesgo para la superficie de suelo apta para cultivo, debido a las consecuencias que estos fenómenos conllevan en el incremento de la erosión y en la pérdida de calidad del suelo.

Dado que en la Agricultura de Conservación suprime el laboreo, se aplican ciertas herramientas que son necesarias para poder sembrar en condiciones apropiadas con la presencia de restos vegetales. Así, maquinaria como las sembradoras de siembra directa y sus accesorios, o productos fitosanitarios como el glifosato para controlar las malas hierbas y preparar el lecho de siembra, son esenciales.

A diferencia del modelo de agricultura convencional, que ha contribuido, entre otros aspectos, a que actualmente el 16% de la superficie europea se encuentre afectada por la erosión hídrica, según señala el informe, la agricultura de conservación contribuye al secuestro de carbono en el suelo al tiempo que favorece la biodiversidad en los ecosistemas agrarios.

Además, el mantenimiento de la cubierta vegetal sobre el suelo, característica propia de la Agricultura de Conservación, permite frenar la erosión del mismo, pudiendo llegar a verse reducidas las pérdidas del suelo hasta un 90%, dependiendo de la superficie cubierta.

En palabras de Jesús Gil Ribes, presidente de la AEAC.SV., "estos sistemas basados en la reducción de laboreo han llevado a un mayor secuestro del carbono en el suelo, necesario porque mejora su estructura, la fertilidad y la capacidad de almacenamiento del agua en el suelo, evitando la degradación del mismo, además de suponer un mecanismo para mitigar el cambio climático".