Es sabido que los smartphones, al igual que otros aparatos electrónicos, incluyen piezas con "fecha de caducidad" o difíciles de reparar para promover la compra de nuevos terminales. Es lo que se conoce como obsolescencia programada.

La Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor del parlamento Europeo se ha manifestado en contra de esta práctica y está llevando a cabo medidas para poner freno a la obsolescencia a través de informes.

El último, publicado el pasado 9 de junio, se titula Sobre una via útil más larga para los productos: ventajas para los consumidores y las empresas. En el escrito se recomienda que los fabricantes produzcan dispositivos fáciles de reparar para evitar la compra de un móvil nuevo.

La UE sugiere que los países miembros que fabriquen aparatos duraderos y fáciles de reparar pueden recibir inventivos económicos, así como eliminar pegamentos que se utilizan para sellar los componentes y dificultar su reparación o extender la garantía si la reparación de un smartphone dura más de un mes.

El informe también detalla otros elementos como las bombillas o los electrodomésticos como objetos que no debieran tener obsolescencia programada para contribuir a un sistema de producción más sostenible y menos derrochador.