La artista Susy Gómez (Pollença, 1964) ha destacado siempre por la libertad con la que ha elegido y practicado diferentes géneros: esculturas, pinturas, dibujos, instalaciones, fotografías, vídeos, performance y formas híbridas de todos los anteriores se han manifestado a lo largo de su carrera.

En su última propuesta, El baile de la vida, que puede verse en espacio Estudios de Tabacalera en Madrid hasta el próximo 3 de septiembre, va un paso más allá. Gómez lleva un tiempo centrada en un tipo de escultura antiformalista, realizada a partir de materiales encontrados, a veces de muy gran tamaño y manipulados de distintas formas. A ello, suma su interés reciente por las psicoterapias alternativas, en especial por las llamadas Constelaciones familiares.

Comisariada por Elena Ruiz, la exposición muestra cuatro instalaciones en las que la artista reafirma su voluntad por trabajar en el espacio real y se adscribe a los movimientos que revolucionaron los lenguajes plásticos de la escultura occidental en los años 60 y 70 del siglo XX.

Estas instalaciones son alegorías del alma humana con las que Gómez quiere que los espectadores interactúen, pero no sólo con el espacio y con las esculturas, sino también, con nosotros mismos. La artista lleva años trabajando a nivel personal con las Constelaciones Familiares, una técnica terapéutica que trabaja directamente con el inconsciente, la parte más profunda y nuclear de nuestro ser. Ya que según esta metodología, es donde anidan los anclajes negativos más fuertes que nos exponen a sentimientos dolorosos.

En busca de la ecología emocional

Aunque no es una instalación site specific, sí se creó pensando en que pudiese ser albergada por el Museo d'Art Contemporani d'Eivissa –donde ha permanecido hasta el pasado 20 de junio- y se ha revisado y adaptado de nuevo al espacio de Tabacalera. De esta manera se produce un diálogo entre el espacio y las preocupaciones sustanciales de la artista. Gómez lo define así: "La exposición propone con cada obra, un ejercicio vivencial y de recorrido hacia esta idea de ecología emocional".

Licenciada en Bellas Artes, su exposición en la Fundació Miró de Barcelona en 1993 supuso el espaldarazo definitivo para su carrera. En 1995 se integró en el Salón de los 16 y su obra pudo verse en la Whitechapel de Londres, a lo que siguieron numerosas exposiciones dentro y fuera de España. En 1999-2000 realiza la primera exposición en el IVAM de Valencia, comisariada por Enrique Juncosa y titulada Algunas cosas que llamaba mías.