Ahora que muchos se disponen a disfrutar de unas merecidas vacaciones y buscan tiempo para el descanso, el relax y disfrutar de no hacer nada, una exposición como la que nos ocupa hoy puede permitirnos unas horas para la evasión máxima. Este es uno de los objetivos de espacio. sonido. silencios, una muestra que explora las distintas vertientes del llamado arte sonoro y que asimismo apuesta por visibilizarlo a través de objetos, soportes de audio, dibujos y otros materiales. Porque como bien decía Marcel Duchamp: "el sonido también ocupa espacio".

Comisariada por José Iges, uno de los grandes expertos en arte sonoro de nuestro país, la exposición reúne hasta el próximo 27 de agosto en el Museo Patio Herreriano de Valladolid piezas, creaciones e instalaciones de 24 artistas que reflexionan sobre la sonoridad, su presencia y también su ausencia.

En ella aparecen nombres como Óscar Abril, Javier Ariza, Ricardo Bellés, José Manuel Berenguer, Simone Simons, Philip Corner, Tom Johnson, Baudouin Oosterkinck, José Antonio Sarmiento, Vacca o Isidoro Valcárcel o John Cage.

El influjo de John Cage

Precisamente de Cage puede contemplarse su famosa partitura en blano titulada 4'33'', en referencia a los cuatro minutos y treinta y tres segundos del solo de silencio concebido por Cage y que fue estrenado el 29 de agosto de 1952 por el pianista David Tudor, en el Maverick Concert Hall de Woodstock, en el estado de Nueva York.

Su importancia ha sido tanta en el mundo del arte sonoro que ha inspirado a otros artistas también presentes en la muestra como Concha Jerez, que exhibe en el museo su Definición de silencio (1981), una obra dedicada a Cage que consiste en una partitura visual realizada sobre poliéster traslúcido y que agrupa palabras y grafía musical. También rinde homenaje a Cage, María de Alvear con su Quoting Cage 4'33'', una especie de caja de música donde las melodías han sido reducidas casi a la nada y que duran lo que la célebre partitura del compositor estadounidense.

Teclas de piano gigantes

Dividida en tres grandes apartados: Silencios habitados, El sonido y sus soportes y Exploración de espacios, la exposición reúne obras tan espectaculares como El ojo del silencio (1999) de Jose Antonio Sarmiento. Se trata de una larga fila de transistores sintonizados en diferentes emisoras que simulan las teclas de un piano y suenan hasta que lentamente se les van acabando las pilas.

"Todo esto es muy arriesgado", asegura Igés sobre el variado muestrario que se incluye en la muestra, ya que según él parte de "el sonido utilizado con criterios artísticos" y procede de muy diversos artistas del arte visual, perfomance, música, poesía y radio, entre otros ámbitos.