A mediados de los años 70, el pintor italiano Francesco Clemente (Nápoles, 1952) conocía a la actriz Alba Primiceri en Roma. Este sería el punto de partida de una larga e intensa relación, que se ha prolongado durante más de 40 años y que ha convertido a Alba, por derecho propio, en la eterna musa del artista.

Clemente, uno de los máximos exponentes de la Transvanguardia italiana junto a Enzo Cucchi, Nicola De María y Mimmo Paladino, ha llegado a decir que cada artista se ve a si mismo en su musa. Por esta misma razón, se ha autorretratado muchas veces junto a ella, fundiendo ambos rostros en una sola imagen. Uno de los más conocidos hasta la fecha quizá sea el retrato en el que la representó recostada con un vestido rojo y un brazalete indio y que sirvió de imagen para su exposición en el Guggenheim de Nueva York en 1999.

A lo largo de estas cuatro décadas, Primiceri ha inspirado cientos de dibujos y pinturas del autor. Los más recientes pueden verse hasta el próximo 6 de septiembre en la galería Javier López & Fer Francés de Madrid. Se trata de un proyecto muy personal que reúne un conjunto de cuarenta obras recientes dedicadas a su mujer y que se divide en tres series distintas: pasteles sobre papel, una docena de óleos sobre lienzo de pequeño formato y una veintena de dibujos a tinta sobre papel.

El influjo de Alba

Alba también ha inspirado a otros artistas como Robert Mapplethorpe, Bruce Weber, Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat o Julian Schnabel

En todos ellos, el autor se inspira en ensueños y sensaciones sobre su esposa ya que han sido pintados de memoria. En gran parte de los retratos de la exposición, Alba está lleva sombreros que parecen pertenecer a antiguas civilizaciones o religiones, también aparece fumando, otras son representaciones dobles, como si fuesen dos realidades diferentes de una misma persona vistas a través del espejo. En todas ellas, además, el artista se proyecta a sí mismo a la vez que retrata a su amada.

El influjo de Alba Primiceri no solo se limita al trabajo de su marido. En la década de los 80 la pareja se traslada a Nueva York. Allí Clemente entra en contacto con numerosos escritores y creadores plástico, entre ellos, Andy Warhol y Jean-Michel Basquiat, con quienes realiza una serie de trabajos conjuntos. Para muchos de estos artistas, Alba se convierte también en un icono de belleza y sofisticación, como lo demuestran numerosas fotografías de Robert Mapplethorpe, Andy Warhol, David Seidner o Bruce Weber, y pinturas de Jean-Michel Basquiat, Julian Schnabel, Kenny Scharf o Alex Katz.