Nació en Alcañiz (Teruel) hace 43 años y desde que inició su carrera artística le mueven dos pasiones: la escultura, sobre todo la talla en piedra, y mostrar, a través de ella, la expresividad de la versión más trágica del hombre y su constante transformación. Este verano José Miguel Abril hace un alto en el camino para echar la vista atrás y presenta en el Museo Provincial de Huesca una exposición retrospectiva, Sed Fugit, que estará abierta al público hasta el próximo 24 de septiembre.

El título hace referencia a las palabras del poeta latino Virgilio "Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus" (" Pero huye entre tanto, huye el tiempo irremediablemente"), una cita que encaja a la perfección con la temática de la exposición que está dedicada a la fugacidad del tiempo y a la fragilidad de la existencia.

La muestra reúne un total de 40 obras, entre esculturas y pinturas, entre las que destaca Velocitauro, una obra en alabastro, material muy inusual en escultura pero uno de los preferidos por este artista aragonés por su belleza y su versatilidad para generar texturas y efectos de luz.

Para este proyecto se ha hecho una selección de obras existentes que se unen a otras realizadas ex profeso para la exposición. En todas ellas se nota la influencia que para Abril han tenido otros autores aragoneses como Goya, Luis Buñuel o Pablo Serrano.

Aunque el trabajo de Abril se ha centrado fundamentalmente en la escultura, una de las singularidades de esta exposición es que añade, a las once obras en piedra, una treintena de pinturas en diferentes formatos y técnicas, aunque predomina el dibujo y como temática la figura. "La mezcla de escultura y pintura es una manera de dar espectáculo al amplio recorrido por las tres salas de la exposición", dice el autor.

Abril formó parte del proyecto arquitectónico de la Sagrada Familia en Barcelona y su obra está presente en museos, galerías y colecciones privadas de Nueva York, Berlín, París, La Haya, Madrid y Barcelona.