La escritora y periodista Rosa Montero nos coge el móvil casi de manera inmediata tras conocerse que suyo es el Premio Nacional de las Letras de este año.

Con una emoción que no trata de ocultar responde con la alegría, la honestidad y las tablas de quien se ha dedicado media vida al periodismo y la otra media, a la literatura.

Casi se me han saltado las lágrimas cuando me han dicho que ganaba el Nacional¿Qué ha sentido?
Esta mañana cuando me han dicho que llamara al ministro de Cultura, he dicho; pero ¿por qué? Con el año tan malo que llevo, seguro que es una mala noticia.

Pues era todo lo contrario...
Casi se me han saltado las lágrimas cuando me ha dicho que ganaba el Nacional de las Letras, que es que es un premiazo, es que todos tus contemporáneas te reconozcan, te vean, te digan que te están viendo y que lo que haces tiene sentido.

¿Cuánto duda un escritor sobre su oficio?
Yo, muchísimo. Todos los escritores tenemos inseguridad patológica.

¿La duda principal?
Dudo de si lo que hago cuando escribo literatura tiene un sentido, que es algo que dudamos, creo yo, todos los que nos dedicamos a esto.

¿Consuela el mal año?
Este premio consuela todo, es así. Me esperaba, ya te digo, cualquier cosa mala esta mañana y mira. Esto consuela toda la angustia.

¿Hasta el mal trago de ser presentada a la Academia y no salir?
Ya hasta se me había olvidado lo de la Academia. Yo ya no quiero volver a la Academia. Que no me presenten más.

No se debe vivir de la literatura; se debe vivir de otras cosas¿Alguna esperanza de poder entrar algún día?
Tuve una gran presentación, estuve allí, y agradezco mucho a la Academia los votos, que fueron muchos los que me votaron, y por supuesto a quienes me presentaron, pero no quiero que me presenten más. Y lo siento sobre todo por el gran filólogo Carlos García Gual que lo presentaron a la vez que a mí y tampoco salió. Y él es un sabio.

¿Escritora antes que periodista?
Sí, desde luego. Me recuerdo escribiendo desde siempre. Ya a los cinco años escribía cuentos. Era escritora antes que periodista. La escritura es lo que me mantiene viva y en pie. El periodismo me da de comer.

¿Nunca pensó en vivir de la literatura?
No, nunca lo pensé ni tampoco lo soñé. Y me he mantenido firme en esto. No se debe vivir de la literatura. Se debe vivir de otras cosas.

Le han dado el premio por toda su obra, pero ¿con qué libros suyos se queda usted?
Con los tres últimos, a los que tengo un especial cariño: La carne, El peso del corazón y La ridícula idea de no volver a verte. Hay otros dos libros que también quiero destacar: La loca de la casa, porque me gusta mucho, y además Historia del rey transparente, porque es, me parece, mi obra más ambiciosa.

¿A quién le dedica el premio?
A mi madre, que tiene 96 años, y es una gran lectora.

Y su marido, si viviera, ¿qué sentiría?
Si estuviera mi marido, que creo que de alguna manera está, lo celebraríamos. Juntos hemos vivido la escritura. Me habría encantado que estuviera, fueron muchos años compartiendo esto.