La Edad Media está llena de relatos donde los filtros amorosos cumplen la función de volver locos a los que los beben como el que desencadenó la tragedia de Tristán e Iseo que no era más que un buen aguardiente de hierbas que preparaba la madre de Iseo. No hay ningún filtro que pueda torcer las voluntades o el deseo humano, pero sí hay bebidas que abren la puerta a lo que ya se está cociendo dentro.

5. Ajenjo. El ajenjo es una planta que crece libremente en todos los campos de España, su sabor es muy amargo y en Castilla se frotaba con ella los dedos de los niños que se comían las uñas. Macerando sus hojas y sus capullos junto con hojas de mejorana, y semilla de anís se hace la famosa Absenta, el verde licor de los poetas malditos. Reputado como un poderoso afrodisíaco, se bebía en todos los burdeles de Francia de la Belle Époque porque "las prostitutas lo necesitaban para aguantar a los clientes y los clientes para no darse cuenta de cómo eran las prostitutas" según palabras de Marcel Proust.

El alcohol es muy difícil de dosificar y si te pasas se convierte en un sedante, es decir un poderoso anafrodisiaco o asesino de la respuesta sexual

En los años cincuenta se descubrió que el aceite esencia del ajenjo era un poderoso alucinógeno cuyo consumo habitual llevaba a la locura y a la muerte, motivo este por el que fue prohibido. En algunos países de la península Balcánica se sigue vendiendo. Se prepara así: en un vaso alto se coloca el equivalente a una copita de licor de ajenjo, se coloca una cuchara especial con ranuras o un tenedor sobre el borde del vaso en el que se ha depositado un terrón de azúcar y se pasa agua del tiempo o caliente sobre el azúcar hasta llenar el vaso.

6. Vino blanco o champán. El alcohol tomado en pequeñas cantidades suele actuar como un estimulante sexual y suele ayudar a las personas a superar las inhibiciones que suelen entorpecer el cortejo, el deseo y las relaciones sexuales incluso en relaciones no casuales. Por su parte el vino o el alcohol destilado forma parte de la mayoría de las recetas afrodisíacas o de los filtros amorosos, probablemente porque el alcohol en pequeñas cantidad provoca el deseo sexual en las mujeres y favorece la erección en los hombres.

No hay mejor manera de comenzar una noche de pasión que empezando con una cena ligera y apetecible y acompañada de un vinito bueno. Dice Cicerón "Venus se siente sola son Ceres (la comida) y sin Baco (el vino)". Sin embargo el alcohol es muy difícil de dosificar y si te pasas se convierte en un sedante, es decir un poderoso afrodisíaco o asesino de la respuesta sexual.

7. Anís. Planta umbelífera nativa de Oriente medio. Eran conocidas sus propiedades curativas y afrodisíacas tanto en Egipto como en Grecia. El botánico Griego Dioscórides ya la menciona en sus escritos y describe algunas de sus propiedades. Los árabes la trajeron a Europa y Andrés Laguna, medico y botánico renacentista, que tradujo y glosó la obra de Dioscórides dice que esta planta: "Aviva el deseo de hombres y mujeres, corrige la corrupción y hediondez del aliento, resuelve ventosidades inoportunas y elimina los regüeldos ácidos, todas ellas cosas necesarias en las lides de amor".

El aceite esencial, el acetol, se extrae de las semillas del anís verde, se usa en perfumería, y como ingrediente de numerosos licores. En España los hay dulces y secos como el Chinchón, en Francia los de Pernod, Pastis y Ricard son los más conocidos, también son notables el ouzo griego (el mejor es el de la isla de Mitilene antigua Lesbos) y el raki turco. Las semillas se usan en cocina por su propiedades carminativas y curativas pero el aceite esencial, el acetol, no sólo no tiene ninguna propiedad curativa sino que si se consume en grandes cantidades pude provocar convulsiones.

8. Chocolate. Era la bebida sagrada de la diosa azteca Xochiquetzal, diosa de la belleza, el amor y la fertilidad. El primer europeo que lo bebió fue Hernán Cortés en la corte de Moctezuma. Como muchas otras comidas y bebidas importadas de América enseguida se puso de moda por sus propiedades afrodisíacas, y los monjes franceses prohibieron tomarlo a sus novios y novicias por los posibles estragos que la bebida podía hacer en sus conciencias. En tiempos de Luis XIV, su cocinero dio con la fórmula para hacer sólido el chocolate, hasta entonces se consumía en forma de bebida para después de las comidas como el té o el café.

En la corte del rey de Francia los bombones se hicieron muy populares. Los caballeros los regalaban a las damas para indicarles sus intenciones y si una dama aceptaba uno de la mano del propio Rey Sol indicaba que había aceptado pasar por la cama real. Los bombones son unos bocados exquisitos para juguetear en la cama durante una sesión amorosa. No son afrodisíacos pero algunos de sus componentes, los polifenoles favorecen el flujo de azúcar en el cerebro con lo que mejoran el estado de ánimo y ayudan a ver la vida de color de rosa, no curan la depresión pero la alivian notablemente.