Parece que los efectos del cambio climático se han instalado también en nuestra política y lo mismo te hielas el jueves que te asas el viernes. Nada parece previsible a estas alturas y cada uno arrastra su cruz como puede y camina sin saber muy bien hacia dónde va. Y cuando hablo de política me refiero a la santísima trinidad de la democracia: un poder legislativo en el que no se sabe a estas alturas quién lidera la oposición, un ejecutivo pendiente de lo que ocurra en el PSOE y al que le estallan los escándalos como en una mascletá y un legislativo que acumula legajos y problemas con el abandono de jueces en plena instrucción o los líos que se trae la fiscalía y un ministro reprobado por primera vez en el Congreso, pero que como si no.

Nada parece previsible a estas alturas y cada uno arrastra su cruz como puede

El panorama no es especialmente ilusionante y los problemas de cada uno resuenan en el patio de los otros y condicionan su estabilidad. Diga lo que diga Podemos y afirme lo que afirme el PP, los dos están pendientes de lo que pueda ocurrir en el PSOE porque,   desgraciadamente, digan los que digan en el PSOE, entre los 'susanistas' y los 'sanchistas' hay un océano que Patxi López no puede llenar. Las diferencias no son solo cuestión de matices y por mucho que doña Susana llame 'infame' al PP y Sánchez haga la goma con Podemos de cara a la galería, todos sabemos que la lideresa andaluza representa una posición más centrada en la pobre socialdemocracia –tan en horas bajas en Europa– que un más populista Sánchez que sigue sin descartar una mayoría imposible con los de Pablo Iglesias y que nos anima a fijarnos más en Portugal que en Alemania. Y, la verdad, no sé yo.

Entre los ‘susanistas’ y los ‘sanchistas’ hay un océano que Patxi no puede llenar

Si gana Sánchez, Rajoy va a tener muchos problemas para concluir la legislatura, de forma que no es descartable lo que siempre se pensó antes de la crisis socialista: un adelanto de las elecciones. Tener aprobados los Presupuestos no es suficiente y si las encuestas siguen siendo más o menos favorables, la legislatura podría terminar antes de lo previsto. Pero es que las encuestas no van a ser iguales si Sánchez es al final el secretario general del PSOE y los escándalos siguen persiguiendo a los de Génova.

Y es que, además, están los convidados junto al viejo bipartidismo. En Podemos ha triunfado la cal viva de un Iglesias al que le gusta la calle más que el Parlamento y en Ciudadanos, agarrados a sus principios, desaprueban por ejemplo lo del cupo vasco y se ponen en lo peor ante las, por ahora, sospechas sobre Cifuentes aunque no se trate más que de un informe sin pruebas concluyentes a día de hoy. Y los soberanistas catalanes a lo suyo, encargando urnas no se sabe muy bien para qué porque lo del referéndum sigue siendo una batalla perdida y el Constitucional salvando los muebles a golpe de advertencias.

¿Pronóstico? Pues como casi siempre: reservado.