Gürtel, Bárcenas, Púnica, Taula, Fabra, Bankia, Brugal, Palma Arena, etc., etc. Ahora Canal. Los casos de corrupción con políticos de primera fila entre los implicados (desde imputados a ya condenados) le estallan o le crecen al PP uno tras otro.

Ayer, cuando aún no se habían recuperado en el PP del impacto y de los miedos internos que ha desatado la citación de Mariano Rajoy como testigo en el juicio de Gürtel, un nuevo mazazo golpeaba y enmudecía al partido de la derecha, al por ahora –tras la implosión interna del PSOE– único superviviente del viejo régimen del bipartidismo: la detención por graves cargos de corrupción de Ignacio González, expresidente autonómico madrileño, exvicepresidente madrileño, expresidente del Canal, ex secretario general del PP de Madrid, ex alto cargo orgánico del PP nacional hasta hace pocos meses, ex mano derecha de Esperanza Aguirre -la aspirante en su día a destronar a Rajoy-.

Está en juego no ya la continuidad de Rajoy, sino la estabilidad de todo el PP, clave ahora para el conjunto de España

En febrero de 2009, cuando saltó el caso Gürtel, Rajoy compareció rodeado de todo su alto estado mayor y proclamó solemne: "Esto no es una trama del PP. Esto es una trama contra el PP". Las investigaciones policiales y judiciales demolieron pronto esa primera línea de defensa de Rajoy, pues demostraron que había no solo una trama del PP, sino varias tramas territoriales que confluían hacia arriba y acababan en despachos de la sede central del partido. Aún está la justicia determinando cuáles.

Como el resto de los grandes partidos que han acumulado en algunos territorios mucho poder y mucha basura  -el PSOE en Andalucía o CDC en Cataluña-, el PP ha reunido en Madrid durante décadas casi todo el poder político y lo peor de las peores tramas corruptas. Eran tantas que también se vino pronto abajo la segunda línea de defensa que el PP nacional adoptó, la de "son casos aislados". El caso Canal, aflorado ahora, es un aldabonazo más, y desmiente del todo lo de Aguirre de que solo dos colaboradores le habían "salido rana". La ciénaga estaba llena.

Por lo demás, el nuevo caso tiene un detalle muy esperanzador: es el nuevo PP de Madrid, liderado ahora por Cristina Cifuentes, quien ha decidido barrer la basura, en vez de taparla bajo las alfombras, y llevar a la Fiscalía cualquier indicio de irregularidad aun a riesgo de que acabe conduciendo al banquillo o a la cárcel a alguno de sus más ilustres correligionarios.

Tras tantos años remoloneando, Rajoy debería hacer lo mismo y afrontar del todo y ya la regeneración del PP. Asumir que su partido tiene muchas ramas y tramas podridas, que ponen en riesgo el árbol al completo, y que él ha de tomar un papel activo en el saneamiento y poda intensiva aun a riesgo de que algunos de sus más cercanos colaboradores o incluso él mismo acaben salpicados. Está en juego no ya su continuidad política, sino la estabilidad de todo su partido, clave ahora para la del conjunto de España.