Podrían ser los personajes de una zarzuela, pero son los personajes de la más rabiosa actualidad. Disculpen si en el titular se juntan las churras con las merinas, pero tal cual han aparecido estos días en los titulares de la prensa, las tertulias de la tele y las redes sociales. Recordemos quién es quién, al caótico modo. A Chulen lo llamaban así hace cuarenta años, cuando jugaba en el Athletic Club de Bilbao, le dio una bofetada a Cruyff a mitad de un partido y se marchó al vestuario antes de que el árbitro le sacara la tarjeta roja. El otro día, al salir de la prisión, demostró seguir siendo fiel a sí mismo. “Qué garbo –comentó Cristina Pardo-. Como si saliera de la cárcel todos los días”. El excarcelado (tras depositar como fianza una cantidad que la mayoría de los asalariados españoles no ahorrarán en toda su vida) es Angel María Villar, eterno presidente de la Federación Española de Fútbol, que a partir de las investigaciones judiciales de las que es objeto ha renunciado a todos sus cargos menos a ese. Se comprende: mientras siga la interinidad, seguirá mandando gente de su confianza, que en el mundo del negocio futbolístico abunda.

Más vale populismo fiscal que patriotismo evasor

Mientras unos salen de la cárcel, otros queman los últimos cartuchos para no entrar. El caso de Iñaki Urdangarin, ex duque de Palma, cuyo abogado ha presentado un recurso de casación pidiendo su absolución. Alega que su cliente era “un mediador sin conocimientos en derecho administrativo” que actuaba con la “conciencia de que todo se hacía correctamente” y que sus actividades estaban supervisadas por la Casa Real. Según ese abogado, Urdangarin era tan solo un “amigable componedor”, curiosa expresión que aparece, tal cual, en el diccionario de la RAE: “Amigable componedor.- Personas a las que las partes de un conflicto confían la solución equitativa de él”.  Ahí queda eso, para conocimiento de unos jueces que, según la defensa, se equivocaron al condenarlo a seis años y tres meses por prevaricación, tráfico de influencias, fraude y dos delitos contra la Hacienda Pública.

También están equivocados, según sus abogados, quienes llevaron a Ronaldo ante el juez por una deuda fiscal multimillonaria. Y no solo ellos: yerran esos ciudadanos que consideran de dudoso gusto que una estrella del futbol deje de pagar –presuntamente- 14.7 millones de euros a la Hacienda pública. El otro día, en la tele, hablando de estas cosas, Manuel Rico recordó que con lo que pagamos a Hacienda se construyen carreteras y hospitales, se paga el sueldo a los médicos, los policías, los maestros… “y espero que nadie piense que estoy haciendo populismo fiscal”. No, nadie lo piensa, pero, ya puestos, más vale populismo fiscal que patriotismo evasor.

Es una tragedia, y de producción muy cara, la que estamos financiando entre todos

Chulen, el Amigable Componedor y Ronaldo son, quiérase o no, protagonistas de un espectáculo, basado en hechos reales, que tiene como personajes secundarios a un diplomático que insulta a la inteligencia (sobre todo) cuando confunde con ignorancia el acento andaluz y llama “La Susi” a la presidenta de Andalucía o un alegre portavoz parlamentario que llama “guapi” a la presidenta de Madrid. ¿Y El Lamparilla que aparece en el titular? Se preguntará usted, con voz entrecortada. Ese es Cristiano Ronaldo. Cuando le oí decir: “Lo que le molesta a la gente es mi brillo; los insectos atacan las lámparas que brillan”, pregunté en Twitter (donde me tienen ustedes de guardia permanente, como @lalibretacolora) qué sobrenombre castizo le pega más: ¿El Brillante, que coincide con el de un bar famoso por sus bocatas de calamares, o El Lamparilla, que coincide con el protagonista de El Barberillo de Lavapiés? Mis followers eligieron El Lamparilla, por un porcentaje del 68% al 32%. Y es que el brillo de Ronaldo, como el de los demás personajes de esta crónica, tiene mucho de zarzuela. Lástima que no sea zarzuela, sino tragedia, y de producción muy cara, la que estamos financiando entre todos.