No te has dado cuenta. No se nota. Pero a las a las 11:28 horas de ayer una persona que paseara por la línea del ecuador habría visto el sol justo en el cénit, exactamente a 90 grados sobre su cabeza. Es el equinoccio de primavera. Hasta el verano, amanece más temprano y anochece más tarde. Según datos extraordinariamente precisos del Observatorio Astronómico Nacional, esta primavera durará 92 días y 18 horas, hasta el inicio del verano el 21 de junio a las 6:24 horas.

Nacen las primeras camadas de lobos y linces, los primeros pollos de cigueña...

Tú no lo notas pero la naturaleza sí. Vuelve la vida al bosque, sus praderas se tapizan de flores tan primorosas como las orquídeas o los narcisos, el aire se llena de cantos tan hermosos como los del colirrojo real, el pinzón o el siempre alegre, burbujeante, petirrojo. Nacen las primeras camadas de lobos y linces, los primeros pollos de cigüeña, aparecen las primeras y más bellas mariposas, las potentes libélulas y las alegres golondrinas. También están llegando los primeros cucos, esos pájaros increíbles que dejan sus huevos en nidos ajenos para que sean otros quienes alimenten a sus pollos mientras ellos disfrutan de la vida. Pájaros mágicos a los que la tradición señala como adivinadores del futuro. Al menos así me lo contó hace años Pilar Cano en Irus de Mena, un pueblecito del norte de Burgos. Si el primer día en que escuchas al cuco echas mano al bolsillo y tienes dinero, tendrás dinero todo el año. Pero si canta y te pilla sin un duro preocúpate, seguirás sin un euro. Yo últimamente sólo llevo en el bolsillo el teléfono móvil, ronqueando notificaciones tontas. Por eso necesito bosques sin cobertura pero bien cubiertos de hojas, bosques terapéuticos con viejos árboles cuyos aceites esenciales rezuman la ansiada tranquilidad perdida.

También el la defensa de la naturaleza hay dos Españas. Una muy urbana y una rural

Ya lo decía el divino Virgilio. "Tiempo bueno es la primavera para los bosques y las selvas" (Geórgicas II, 323). Así están ellos, rejuvenecidos, despertando con fuerza germinadora de su letargo, bombeando nutrientes, aspirando CO2, poniendo a toda máquina sus fábricas de oxígeno. Antonio Machado también amaba esa primavera que besaba suavemente la arboleda "y el verde nuevo brotaba como una verde humareda". Pero la humareda es ahora muy negra. El bestia de la cerilla no para. En lo que va de año sólo en Castilla y León se han producido 822 incendios forestales, 318 en la primera mitad de marzo. Prácticamente todos son intencionados, promovidos por una administración regional tan ciega como loca que incita a los agricultores a controlar la plaga de topillos quemando ribazos y cunetas. Peligrosa inutilidad. En Asturias y Galicia hacen otro tanto de lo mismo, sólo que allí se busca lograr más pastos. Lo queman todo. Otra amenaza para los árboles incluso hoy 21 de marzo en que celebramos el Día Internacional de los Bosques. En lugar de refugio de biodiversidad, productores de lluvia, fuentes sostenibles de madera con las que hacer muebles cálidos y libros con olor a libro, algunos solo ven leña para quemar.

También en la defensa de la naturaleza hay dos Españas. Una muy urbana preocupada cada vez más por la calidad de unos montes, tierras, ríos y especies que cada día le son más ajenos. Y una rural empujada a producir más por menos, desorientada en una maraña de créditos bancarios, ayudas y subvenciones, desconectada de esa íntima relación con el paisaje de la que hacían gala sus antepasados. Los unos pidiendo protección máxima de todo y los otros exigiendo desprotecciones también máximas. Una sociedad sin matices. ¿Lobo sí o lobo no? ¿Agricultura ecológica o transgénicos? ¿Cazadero o parque nacional?

Sales al campo y comprendes el error. El monte se viste de primavera con todos los matices posibles, desequilibrado, bellamente caótico, tan duro como amable. La poeta Gloria Fuertes incluso veía a la primavera muy cursi, pero la defendía a muerte, "porque haces retoñar ese geranio que se me seca siempre en el invierno".