Como casi todo en el amor —incluso cuando quiere decir 'sexo'—, su versión múltiple resulta lícita siempre que cuente con el consentimiento de los poliimplicados. Y más digna, desde luego, que la versión 'mono' cuando una de las partes decide pasarse el acuerdo por el forro de polipiel y darse la multilicencia de forma unilateral. Monocobardía lo llamamos en mi tierra. O polijeta.