Quizá ustedes no pudieron ser Maradona y por eso ahora quieren que sus hijos sean Messi. Y lo quieren con tanta ansia que pasan por encima de lo que sea, sus propios hijos incluidos. Esta semana hemos visto un vídeo con una pelea entre padres que acudían a un partido de fútbol de dos equipos de categoría infantil en Mallorca.

Cuando yo era joven me explicaron que el deporte aportaba valores como el esfuerzo, el sacrificio, la tenacidad, el trabajo en equipo, el juego limpio... No me dijeron nada de que debiera enseñar a ser agresivo, excluyente, acomplejante... ¿Qué clase de elemento hay que ser para liarse a puñetazos delante de tu hijo por un problema en un partido de niños? Es más, ¿qué clase de necio hay que ser para pelearse por cualquier tipo de partido?

Señores padres que llevan a sus hijos al fútbol (sí, aunque se dé en otros deportes, este es un problema endémico del fútbol): háganlo para que se ejerciten, para que disfruten, para que se diviertan, para que hagan amigos y aprendan un deporte. Si despuntan, si les gusta, o si simplemente lo aman, apóyenlos, refuercen su amor propio y su confianza en sí mismos.

Si ustedes, progenitores, tienen algún trauma de su infancia, si están frustrados por su propia mediocridad o tienen desórdenes afectivos, no lo paguen con sus hijos. Nos llevamos las manos a la cabeza con el tema del bullying y a mi alrededor no dejo de oír historias de padres (y madres, muchas) que empujan a sus hijos a rechazar al que es torpe, a quejarse porque juega Fulanito, que no sabe, o Menganito, que no corre. No ha ocurrido solo en Mallorca, no es la primera vez que pasa. Es algo común y extendido.

Padres, madres, tutores: enseñen a sus hijos a respetar a la autoridad. ¿Qué le enseña a un niño ver a su padre gritándole a un entrenador porque su hijo chupa banquillo? ¿Qué aprende un pequeño que ve a su madre insultando a un árbitro? Quizá luego quieran que en casa acaten sus órdenes. Pongan el vídeo y suban el volumen. Entre los gritos de "basta" y "qué vergüenza" de la mujer que graba, se oye a un niño de 5 o 6 años llorar y llamar a su madre asustado. Se lo acaban de llevar por delante los que peleaban. Humanidad 0 - Energúmenos 1. Espero que haya denuncias y condenas por esta y por otras tantas peleas. Espero que esa sea la lección para los niños: la violencia no está justificada y se acaba pagando.

Atentamente, Isra Álvarez.