Este mes de junio coincidirán en cartelera dos largometrajes sobre pintores. Maudie es un biopic sobre la canadiense Maud Lewis protagonizado por Sally Hawkins y Ethan Hawke, tiene previsto estrenarse el 23 junio. Una semana después, el 30, nos llegará Los últimos días del artista: Afterimage, sobre el vanguardista Wladyslaw Strzeminski y en la que fue la obra póstuma del prestigioso cineasta polaco Andrzej Wajda. Más allá de las biografías, los cuadros de famosos pintores han inspirado desde siempre a los cineastas para todo tipo de ficciones.

La luz, la composición del plano, la postura de sus personajes, la disposición de los objetos, la forma de retratar paisajes naturales o arquitecturas artificiales. Uno de los primeros y más reputados ejemplos lo encontramos en el director danés Carl Theodor Dreyer que para la película muda El presidente (1919) plasmó el cuadro de la madre del pintor James McNeill Whistler, simplemente sentada en una de las estancias de su casa. Tan sencillo y a la vez tan genial.

Las obras del belga René Magritte se han usado en 'El exorcista', 'El show de Truman' o incluso 'El exorcista' ¿Qué tienen que ver las creaciones barrocas de Caravaggio, de a finales del siglo XVI y principios del XII con las películas de gánsters de Scorsese? Aunque el pintor italiano tuviera que desenvolverse también entre los bajos fondos y condiciones precarias, implicado en reyertas y crímenes; Martin Scorsese siempre ha declarado que se inspiró en su obra para su tercer largometraje, y el primero de su ristra de mejores películas, Malas calles (1973).

Cuando se habla de la relación entre cine y pintores uno de los principales nombres que nos viene a la cabeza es sin duda el de Salvador Dalí. Entre las más inolvidables colaboraciones del irrepetible artista surrealista se cuentan las de Disney, influyendo en los decorados y diseños de numerosos largometrajes, como Dumbo (1941), Los tres caballeros (1944), Alicia en el país de las maravillas (1951) o Peter Pan (1953); con Hitchock sobre todo para las secuencias oníricas de Recuerda (1945); o con Luis Buñuel en ese corto de referencia que es Un perro andaluz (1929). Incluso en una de las escenas de la reciente Mad Max: Furia en la carretera (2015) se ha detectado una referencia a Los elefantes.

Mundos de ensueño o imposibles. El cine de los expresionistas de la etapa muda bebieron de las fuentes pictóricas. En Metrópolis (1927) Fritz Lang tomó el lienzo La Torre de Babel (1563) de Peter Brueghel para diseñar las arquitecturas de sus rascacielos. El belga René Margritte (1898-1967) ha sido otra inspiración extraordinaria para las películas más impensables; su cuadro El imperio de las luces fue una referencia para una de las imágenes más emblemáticas de El exorcista (1973), de noche con la figura del capellán antes de entrar en la mansión de la niña poseída; Architecture au clair de lune fue un modelo para las escaleras de El show de Truman (1998); y La robe du soir para la imagen del pequeño Chiron frente al mar en la oscarizada Moonlight (2016).

Escenas históricas o de fantasía

Entre los artistas norteamericanos, Edward Hopper (1882-1967) es uno de los principales referentes a la hora de retratar la sociedad y los ambientes de su época. Cineastas tan distintos como el finlandés Aki Kaurismäki, el alemán Wim Wenders, los italianos el italiano Michelangelo Antonioni y Dario Argento han recurrido a él. También varios clásicos del cine negro norteamericano de los 40 o títulos más recientes, Camino a la perdición (2002) o Carol (2015). En cuanto a las más sorprendentes, es curioso encontrar parte de su huella en los decorados de Blade Runner (1982) y, especialmente, en el icónico y aislado caserón de Norman Bates en Psicosis (1960), recreación de Casa junto a la vía del tren (1925), inspiración además para Días del cielo (1978) de Terrence Malick.

Un título de culto, Lost in translation de Sofia Coppola, empezaba con una escena contundente, el primer plano de Scarlett Johansson, en paños menores, recostada sobre la cama y dejando entrever su trasero. La idea se debe en realidad a Jutta obra de John Kacere. Y una de las películas más premiadas de los últimos años, El renacido (2015) de Alejandro González-Iñárritu recurrió a numerosas pinturas, dibujos y grabados de la época, la de losntramperos y pioneros en tierras salvajes fronterizas de la América del primer cuarto del siglo XIX.

Para la magnífica fotografía, decorados y vestuario de Barry Lyndon (1975) el meticuloso Kubrick se documentó visualmente en la obra del londiense William Hogarth (1697-1764). Terry Gilliam homenajeó El nacimiento de Venus de Botticelli en una de las escenas con Uma Thurman de Las aventuras del Barón Münchausen (1988). El danés Lars Von Trier al cuadro Ofelia (1852) de John Everett Millais en una de las escenas más célebres de Melancolía (2011) con Kirsten Dunst. Y otro de los genios indiscutibles del séptimo arte, el japonés Akira Kurosawa también recurrió a numerosas referencias pictóricas, una de las más explícitas en Los sueños de Kurosawa (1990) a Van Gogh.

Escaleras imposibles y Franciso de Goya

Los dibujos, grabados y litografías de M.C. Escher (1898-1972) trascendieron de los Países Bajos al mundo entero. Sus creaciones plasmando escaleras infinitas e imposibles fueron un modelo en superproducciones tan conocidas como Dentro del laberinto (1986) o Origen (2010).

No podía faltar Francisco de Goya (1746-1828), su Maja Desnuda puede encontrarse en muchas películas. Saturno devorando a un hijo (1819-1823) sirvió como modelo para El Hombre Pálido de El laberinto del fauno (2006) de Guillerno del Toro; o la pelea a jamonazos entre Javier Bardem y Jordi Mollá en Jamón, jamón (1992) es un guiño a Duelo a garrotazos (1823). También el director Shyamalan reconoce haber sido una de sus fuentes visuales.

Las abstracciones y el cubismo de Pablo Picasso (1881-1973) se ha limitado más a películas experimentales; mientras que otro de nuestros grandes cineastas, Luis Buñuel, recreó el famoso fresco de La última cena (1945-1947) de Leonardo da Vinci, aunque con un sentido más crítico que religioso, en una de sus obras maestras, Viridiana (1961).