Antes de comenzar, quería disculparme si no he encontrado en esta cinta el millar de referencias a la insana cantidad de películas de la factoría Marvel. En el comienzo de la tercera saga de Spider-Man se cuelan incontables gags, easter eggs y escenas poscréditos que harán las delicias de los grandes aficionados a los superhéroes.

Pero si usted, como yo, desea pasar un buen rato con una película de ciencia ficción adolescente para toda la familia, no hace falta que se vaya comprando los cómics del héroe arácnido.

Decía David Carradine en uno de sus monólogos más recordados de Kill Bill vol. 2 que no le gustaba El Hombre Araña «porque, cuando se despierta, es Peter Parker. Se pone un disfraz para convertirse en Spider-Man». Siento diferir del personaje de Bill, pero en esa cuestión radica lo mejor de la película.

Spider-Man: Homecoming recuerda a algunas de las mejores cintas de adolescentes más que a una película de héroes y villanos al estilo convencional. Parker no es un superhéroe, es solo un nerd que quiere salir de su zona de confort, gustar a su chica preferida del instituto y sentir que es un adulto a pesar de que todo el mundo le vea como a un niño.

La puesta de largo del renovado superhérore gustará a los fans y atraerá al público más jovenTodos, lo reconozcamos o no, hemos pasado por lo mismo en nuestra edad del pavo, con la diferencia de que a Parker le ha picado una araña radioactiva que le da poderes increíbles y Tony Stark le regala un traje de última generación para convertirse en un aspirante a vengador. El disfraz es la vía de escape del chico para cumplir sus sueños, aunque tendrá que aprender que «un gran poder conlleva una gran responsabilidad».

Al joven Tom Holland le sienta como un guante el traje de Spider-Man y se desenvuelve perfectamente en su papel protagonista. Es gracioso –y cuando no lo es tiene el clásico partenaire: un chico freak con problemas de sobrepeso– y sabe estar a la altura en escenas con actores de peso como Robert Downey Jr. o el gran Michael Keaton.

Mención especial merece el papel que interpreta este último, Buitre, un padre de familia que, de la noche a la mañana, se convertirá en un villano. Un par de tomas con Parker sin un ápice de acción pero con mucha tensión son de lo mejor de la película.

Por su parte, a Iron Man le tocará un papel que quizá nunca había imaginado: el de figura paterna. Pensar de qué manera puede ejercer de padre  un personaje narcisista, egocéntrico y egoísta les puede dar una idea de la relación que va a tener con el joven spidey. Parte de los Vengadores tiene alguna que otra aparición anecdótica que sacará una sonrisa al espectador –imposible no reírse con las «clases» del Capitán América–.

La puesta de largo del renovado Hombre Araña va a gustar a los fans y seguramente atraiga a la franquicia al público más joven. Después de años en los que se puso de moda el oscurantismo en las películas de superhéroes –con mayor o menor éxito–, Spider-Man: Homecoming recupera la cara más divertida del género y, de paso, nos hace revivir la adolescencia. Al fin y al cabo, ¿quién no quería ser un superhéroe cuando tenía 15 años?