Del celuloide a la alta definición, con el embate de la crisis por medio, el crítico Javier Angulo ha cumplido una década al mando de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) con el temor de que una distribución sin control "pueda acabar con el cine como negocio".

"Hay que regular las nuevas formas de distribución y exhibición del cine porque, a este paso, acabaremos con la asistencia a las salas y eso, aparte de un drama, puede ser un terremoto", ha argumentado en una entrevista, dos días antes de la inauguración de una nueva edición del festival de Valladolid.

Orgulloso de la impronta que ha dejado en la Seminci estos años, Angulo (Bilbao, 1949) se ha mostrado partidario de una presencia comercial de las producciones de forma escalonada, como se hacía antes, "seis meses después del estreno en salas se pasaban por las televisiones de pago, más tarde salían en DVD y luego en abierto".

De esta forma, se garantizaba la rentabilidad en todos los escalones, "no como ahora que salen las películas para todos los soportes al mismo tiempo", lo que en su opinión "puede acabar con el negocio porque a ver quién se atreve a invertir en una buena película" si no se asegura un mínimo rédito.

Es el lado perverso de una revolución tecnológica que ha condicionado los hábitos de ocio y el consumo de la cinematografía, con una mayoritaria preferencia por el visionado casero en detrimento de las salas comerciales, mientras que en lado positivo ha observado una mayor calidad al servicio de las proyecciones.

El empuje de la Seminci

Infatigable, experimental e innovador, Angulo ha dedicado a Valladolid y continuará haciéndolo "una etapa apasionante" de su vida en la que ha puesto "todo el alma" para lograr un cambio de tamaño que ha reivindicado desde el punto de vista de organización, profesionalidad, renovación de instalaciones, secciones y ciclos de nuevo cuño, imagen corporativa y digitalización plena.

"Cuando llegué, la Seminci era un festival de mucho nombre, con prestigio, pero necesitaba un empuje a todos los niveles del que me siento muy orgulloso y en el que me ha ayudado el excelente equipo que heredé del anterior director Fernando Lara", ha analizado.

Se sigue programando un cine independiente, de autor, comprometido, sin concesiones ni atajos fáciles"

Lo que no ha variado es la esencia del que ha considerado el segundo festival de España por detrás de San Sebastián, de acuerdo con el último escalafón de instituciones culturales más influyentes de España que ha publicado el Observatorio de Cultura, promovido por la Fundación Contemporánea (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte).

"Se sigue programando un cine independiente, de autor, comprometido, sin concesiones ni atajos fáciles y carente de efectos especiales", ha resumido acerca de un certamen estructurado básicamente en tres secciones (Oficial, Punto de Encuentro y Tiempo de Historia) que entre el 21 y 29 de octubre próximos ofrecerá cincuenta y dos títulos, treinta y seis no distribuidos en España.

Hasta las 230 películas que ofrecerá esta 62ª Seminci en todos sus apartados, ocho personas de la organización han visionado durante todo el año más de 2.300 filmes, un esfuerzo cuya recompensa es la "cuadratura del círculo consistente en que el gusto del público coincida con el de la crítica y el de los jurados: eso es como tocar el cielo para un programador", ha subrayado.

Un festival que sigue adelante pese a las escasas ayudas

No olvida Javier Angulo, en estos diez años de gestión que han coincidido con la crisis económica, el descenso de las ayudas oficiales al festival de Valladolid a todos los niveles, lo que en líneas generales ha dificultado la programación.

Pese a que los tiempos son otros, "no acaba de entrar la inversión privada porque las desgravaciones fiscales son diminutas y así es muy difícil", lo que dibuja un escenario en el que las empresas "se decantan por las grandes audiencias que proporcionan otros ámbitos como el del deporte".

Cuando llega la Seminci las salas se llenan"

Por todo ello, Angulo considera que el festival de Valladolid "es un milagro" que genera ocho millones de retorno en una semana con un presupuesto que ronda los tres.

"Es un milagro que, con la que ha caído y el descenso de espectadores en sala, cuando llega la Seminci se llenan y, lo que más alegría nos produce, de un público joven que también hemos cultivado en los colegios e institutos durante el resto del año".