Marvel ha demostrado que sabe desenvolverse con soltura en géneros como la aventura o el thriller de acción, pero ninguno le da tan buenos resultados como la comedia. El humor es la vía de escape en sus películas más dramáticas –Civil War o Doctor Strange, por ejemplo– y el núcleo de sus proyectos más disparatados –¿alguien ha dicho Guardianes de la Galaxia?–.

Ahora, el chiste y la autoparodia han llegado para salvar la que hasta el momento era, con diferencia, la franquicia más floja del universo cinematográfico Marvel... y la intervención ha sido un éxito. Atrás queda la seriedad, el tedio y el escaso interés de las dos primeras películas de Thor. Atrás queda el insulso dios del trueno de Los Vengadores, eclipsado por los gags de Iron Man y Hulk y el carisma del Capitán América.

Thor: Ragnarok es El show de Chris Hemsworth, Guardianes de la Glaxia Vol. 2.5, un entretenidísimo viaje entre mundos en el que el actor australiano deja fluir su hasta ahora desaprovechadísima vis cómica. Este cambio de tono ha tenido un impacto muy positivo en la saga: el ritmo es mucho más dinámico (el filme arranca muy alto y no decae en ningún momento), las escenas son más osadas y originales y la trama, mucho más absorbente.

En esta ocasión, el enemigo a batir es Hela, la diosa de la muerte, que ha vuelto de su retiro para hacerse con el trono de Asgard. Thor, el único que puede impedirlo, se encuentra retenido en el planeta Sakaar, donde es obligado a luchar en una batalla de gladiadores. Allí hace acto de presencia otra superestrella marvelita, Hulk, que no tarda en convertirse en el compañero perfecto de la deidad nórdica.

Thor y Loki nunca habían tenido tanta química en pantalla como en este Ragnarok festivo

Hemsworth en la piel de Thor y Mark Ruffalo como el irascible gigante verde son solo dos de los miembros de un reparto espectacular que demuestra que Marvel no quiere dejar a ningún grande de Hollywood fuera de su universo superheroico. La gran incorporación esta vez es la de Cate Blanchett como villana, que se une a Anthony Hopkins, Tom Hiddleston e Idris Elba en sus respectivos papeles de Odín, Loki y Heimdall. También se estrena la joven Tessa Thompson como Valquiria, un desatadísimo Jeff Goldblum da vida al hilarante Gran Maestro, Benedict Cumberbatch hace una breve pero destacable aparición como Doctor Extraño y el omnipresente Stan Lee disfruta aquí del que es quizás su cameo más loco y "relevante".

Aunque el filme y sus personajes no se tomen demasiado en serio a sí mismos, el guion es inteligente y hace que todo, por muy tonto que parezca, tenga su función en una historia cerrada que, si bien incluye bastantes referencias a otros sucesos y personajes Marvel, funciona a la perfección como epopeya independiente.

Finalmente ha sido mediante buen humor y cachondeo y no con dramatismo y seriedad impostada como Marvel ha logrado que nos interese la vida familiar del dios del trueno, la distante relación con su padre y, sobre todo, el complicado tira y afloja que mantiene con su hermanastro. Thor y Loki nunca habían tenido tanta química en pantalla como en este Ragnarok festivo que se ha convertido en una de las aventuras más divertidas del estudio. La única duda que queda es si, cuando vuelva a unirse a Los Vengadores, Thor retornará a su estado de ficus anterior o rivalizará con Tony Stark en ingenio y sex appeal.