"No sé si voy o vengo de algún sitio donde nunca estuve", primeras letras del recién publicado volumen que reúne la obra poética de Aute. En Toda la poesía (Espasa) el recorrido es amplio, total, casi inabarcable y sobre todo, ni el propio Bonald, que escribe el prólogo, inclasificable. Desde La matemática del espejo (1970) hasta No hay quinto aniMaLo (2010) este libro recorre todas las preguntas que de eso se compone la obra de este creador completo.

No sé si voy o vengo de algún sitio donde nunca estuveArtista en horas delicadas desde que en agosto sufriera un infarto del que sigue recuperándose. En su casa. Con los suyos. La misma casa en la que me dejé olvidada una bufanda roja y en la que tuvimos una de las charlas más sinceras. Por eso se le agradecía tanto el recibimiento 'oficial', para hacer algo que le gustaba tan poco: hablar a los demás de sí y de su obra.

A Luis Eduardo no le gusta la gente ni las entrevistas; y no le gustan de verdad, no hay pose. Tras más de media vida expuesto, sus ojos siguen mostrando esa incomodidad del tímido y del inseguro reconocido. Mucho menos le gusta subir a un escenario y cantar, aunque eso le haya permitido vivir sin prisa ni necesidad de vender sus verdaderas pasiones: pintar o escribir y hacer películas (Un perro llamado dolor).

Canciones que muchas veces se quedaban en lo que él bautizó como 'Poemigas': "Versos que no llegaron a ser canciones", y con los que ha dibujado sus AnimaLhadas.

"Me gusta fabricar canciones. Pero cantarlas... Llevo muchos conciertos, pero no es lo mío. Tampoco sé muy bien qué es lo mío», confesaba el hijo único que no ha podido sacudirse jamás de la mirada esa soledad temprana y que lo llevó a escribir siendo niño y ha dejado en toda su obra la huella de quien encontró en el arte la manera de mirar el mundo.

Tampoco sé muy bien qué es lo míoEse poso solitario y esa necesidad de comunicarse de todas las maneras posibles dentro del arte definen su poesía, igual que el resto de su obra. Porque es probablemente de los pocos a los que hoy podamos llamar como Caballero Bonald dice en su prólogo: renacentista.

"Vivía solo en mi casa y no me comunicaba bien con los colegas. Así que a la primera que podía me encerraba". Y añadía con una sonrisa que defendía bien la huida de los proxenetas de la carcajada: "Cada vez prefiero más encerrarme. Pero ya no es por dificultad. Estoy a gusto conmigo, aunque tengo mis broncas conmigo, pero las tengo yo solo y no con otros".

El creador de La liturgia del desorden y Menú de noche, reveladores poemarios, ha sabido cómo elevar la catarsis a arte en cualquiera de los ámbitos que sus manos, que tanto cuentan de él, han tocado. Porque, él lo dice así, "crear es terapia; escribir es la manera de evitar al loquero, y la forma más barata y directa".

De hecho una vez acabó el 'loquero' junto a él: "Cuando me encerré una vez, que no salía del estudio ni para dormir, en casa se preocuparon y llamaron a un amigo psicoanalista . Vino y se quedó a dormir en el taller conmigo, dándome ideas sin parar".

Las suyas recorren toda su obra, pero la poética puede que más que cualquier otra: "Las dudas me inspiran". La reflexión le sostiene: "Reflexionar es recorrer un espacio, mirarte y verte desde fuera, en el espejo. En esa inercia de salir y verte, descubres la muerte".