Decía la fotógrafa estadounidense Berenice Abbott (1898-1991) que "una fotografía no es una pintura, un poema, una sinfonía ni una danza. No es únicamente un cuadro bonito, ni el ejercicio de una contorsionista... La fotografía es, o debería ser, un documento significativo, una declaración penetrante que se podría describir con un simple término. Selectividad". Y con esta máxima en mente, construyó una carrera tan apasionante como variada que siempre tuvo el género documental en el punto de mira.

Descubrir su extensa trayectoria (vivió casi 100 años y estuvo activa casi hasta en final) es posible estos días gracias a la exposición Topografías que puede verse en la Sala Artegunea en Tabakalera de San Sebastián. Hasta el próximo 25 de marzo, revisita la obra de esta maestra de la fotografía del siglo XX a través de una selección de 82 fotografías.

Su vocación por la fotografía no fue instantánea. Primero, se licenció en periodismo en la universidad de Ohio, y de ahí, da el salto a Nueva York donde un nuevo giro de 180 grados a su carrera y comienza a estudiar escultura. En esta ciudad conoce a los dadaístas Marcel Duchamp y Man Ray, quien le ofrece la oportunidad de irse con él a París para trabajar como su asistente. Ray quería alguien sin conocimientos para esta tarea, sin embargo, muy pronto Abbott mostraría signos de estar a la altura de su maestro. Apenas tenía 22 años de edad. Cinco años después inauguraba su primera exposición en la galería parisina Le Sacre du Printemps y deslumbraba con sus retratos de artistas y escritores de la vanguardia.

Sin embargo, otro giro de destino cambiará su carrera para siempre. Gracias, de nuevo, a la intervención de Man Ray, la artista conoce a Eugène Atget e inmediatamente queda impactada por sus fotografías sobre París. Tras la muerte de éste, en 1927, adquiere unas 7.000 placas y 10.000 positivos y vuelve a Nueva York dos años después con la idea obsesiva de buscar un editor para publicar un libro sobre la obra del francés. Gracias a su empeño, el trabajo de Atget se revalorizará influyendo en fotógrafos posteriores como Walker Evans o Lee Friedlander.

En los años 30 abandona el retrato y comienza a fotografiar la ciudad de Nueva York de forma documental siguiendo el estilo de Eugène Atget

No fueron los únicos. Abbott vive entonces una especie de epifanía, abandona los retratos –género en el que ya había conseguido un tremendo prestigio- y comienza a fotografiar la ciudad de Nueva York de forma documental tomando como referencia las fotos de su maestro en París. Dará forma entonces a Changing New York (Nueva York en transformación), que realizará entre 1935 y 1939, año en el que también verá la luz en formato libro. En ellas, se refleja una ciudad en plena ebullición, que crece a lo alto con los rascacielos, que se moderniza, pero que también oculta una cara decadente y pobre, que no escapa al objetivo de nuestra protagonista. Con el salto de década, la artista comenzará a realizar fotografía científica colaborando durante 20 años con la revista Science Illustrated.

Siguiendo este recorrido vital, Topografías se divide en tres partes que muestran estos momentos clave de su proceso creativo. Retratos está integrada por 17 retratos de personas de su círculo intelectual y personal. Se incluyen cuatro retratos de la propia Berenice realizados por la fotógrafa alemana Lotte Jacobi, la estadounidense Consuelo Kanaga, y los fotógrafos Man Ray y Walker Evans.

En Changing New York, compuesta por 39 fotografías, recogen su trabajo sobre la ciudad de los rascacielos; mientras que Ciencia muestra en 14 imágenes distintos fenómenos como el paso de la luz por un prisma, el movimiento de la caída de las gotas del agua o la belleza de un campo magnético. Como complementeo, una pequeña muestra de ocho fotografías realizadas en 1954 en un viaje de Maine a Florida por la Route One.