Hace menos de un año, cuando el artista Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) preparaba las obras que darían forma a la antológica que la Fundación Maeght en Saint-Paul (Francia) le dedicó este verano, se lamentaba así en una entrevista: "En España, las antológicas son necrológicas. Aquí no ha ocurrido y quizás no ocurra".

La exposición reunía más de 150 piezas realizadas entre 1965 y 2017 y daba buena muestra de la intensa carrera de un creador todoterreno que se ha prodigado en la pintura pero también ha demostrado su valía en otras artes como la literatura (su primer amor), la escultura, el dibujo, la escenografía, la ilustración y el diseño de carteles.

A pesar de ello, habla con modestia de su obra. "La gente no sabe que la escultura a mí me ha interesado siempre aunque la escultura con minúsculas, porque tampoco pretendo ser un escultor, como me ocurre con la literatura, que la hago con minúsculas, porque tampoco pretendo ser un escritor. Yo quiero ser un pintor que hace muchas cosas, que pinta, que escribe, que hace cerámica y que hace esculturas", decía ayer durante la presentación de su última exposición.

Al Museo de Bellas Artes de Bilbao llega ahora una selección de los trabajos realizados por el artista en los tres últimos lustros, que presta especial atención a algunas obras muy recientes, pintadas este último año, para esta gran exposición individual que le dedicaron en Francia y que, por lo tanto, podrán verse en nuestro país por primera vez.

Una antigua relación

Yo quiero ser un pintor que hace muchas cosas, que pinta, que escribe, que hace cerámica y que hace esculturas

Entre el museo y el pintor existe una estrecha relación. En 1994 la pinacoteca vizcaína acogió la muestra Eduardo Arroyo. Tamaño natural 1963-1993, que reunía un amplio grupo de pinturas de grandes dimensiones. Ahora, casi 25 años después, da la bienvenida a otros 43 trabajos, donde también encontramos obras de gran formato.

El artista, por su parte, no escatima elogios con el museo: "Si hace años consideraba que en España había tres grandes museos, el IVAM, de Valencia, el Reina Sofía y el Bellas Artes de Bilbao, en la actualidad he tachado a los dos primeros de la lista".

Como ha sido norma durante su carrera, en estas últimas obras el artista sigue dando rienda suelta a sus pasiones literarias y artísticas y ha creado una galería de retratos de personajes que incluye a Dante, Don Juan Tenorio, Cyrano de Bergerac, Balzac, Van Gogh, Joyce u Orson Welles.

Pero por encima de todo, la crítica política y social sigue dominando su trabajo. El título de la exposición Le retour des croisades hace referencia a uno de los grandes lienzos incluidos. Un homenaje-parodia al también monumental cuadro de Ignacio Zuloaga La víctima de la fiesta (1910), que sirve al pintor para hacer una alegoría sobre la situación actual de nuestro país. Para tan significativa ocasión, la obra del maestro vasco, depositada por la Hispanic Society of America en el museo, se muestra junto a la de Arroyo.

El artista madrileño homenajea a grandes de pintura como Delacroix, los hermanos Van Eyck o Van Gogh

Los homenajes a la historia de la pintura y a los pintores se suceden a lo largo de la exposición, como es el caso de La lucha de Jacob y el ángel (2011-2012) inspirados en el gran mural de Delacroix para la iglesia de Saint-Sulpice de París; Cordero místico (2008) versión a tamaño natural del célebre políptico de Gante de los hermanos Van Eyck; o sus particulares homenajes a Van Gogh –Van Gogh sur le billard d ́Auvers-sur-Oise (2016-2017)– y al pintor suizo Ferdinand Hodler –Ferdinand Hodler et son modèle (2016)– .

Finalmente, la exposición presenta en la sala BBK una amplia selección de las esculturas realizadas por Arroyo durante los últimos años. Se trata de piezas, como el Unicornio de Laciana (1999) con la que se inaugura el recorrido, creadas en plena naturaleza con distintos materiales (troncos, bloques de piedra) procedentes del valle leonés de Laciana, donde el artista fijó su residencia estival tras su regreso a España a finales de los años setenta.