Alivio. Es lo que dice Europa y la élite política que han sentido al saber que Le Pen ha conseguido los mejores resultados del Frente Nacional de su historia. Ha sido la segunda fuerza más votada pero confían en que, aunque pasa a la segunda vuelta, la posibilidad de que se convierta en presidenta de la República es realmente remota. El frente republicano, la unión del resto de fuerzas para frenar el avance de la ultraderecha, será invocado de nuevo el 7 de mayo para evitar que en Francia la xenofobia y el antieuropeísmo se instalen en el Palacio del Elíseo. Alivio. Pero quizás la élite política, los partidos tradicionales, deberían de preocuparse algo más. Y leer entre líneas lo que viene pasando desde hace unos meses aquí, en Europa, y al otro lado del Atlántico.

El votante de Le Pen ha sido mayoritariamente voto rural, de barrios obreros

El domingo, uno de los tertulianos que aparecen habitualmente en los programas de televisión remarcaba la advertencia que hacía el FMI en su último informe sobre evolución económica. Decía que los mayores desafíos del mercado laboral serán, a medio y largo plazo, la robotización, la deslocalización y el trabajo online. Tres vectores que amenazan con dejar de brazos cruzados a millones de trabajadores. Muchos de los trabajos tradicionales que conocemos ahora desaparecerán, se automatizarán. Y esa amenaza es tan real, que muchos sienten que los partidos no les están dando solución. Que no les hablan a ellos cuando invocan ese mantra de la recuperación económica. 

Fíjense en un dato: el votante de Le Pen ha sido mayoritariamente voto rural, de barrios obreros donde antes pescaban votos el Partido Comunista o el socialismo. Su músculo electoral está ahí. Como ahí ha estado también la clave del éxito de Donald Trump. O el apoyo al 'brexit': los pueblos costeros del Reino Unido, beneficiados durante décadas por las ayudas europeas y que ahora habían perdido, votaron mayoritariamente por salir de Europa. Ninguno de los partidos tradicionales ha sabido dar respuesta a toda esa masa de población absolutamente desencantada, que creen que la sociedad les ha sacado a patadas del tren de la recuperación y que se siente engañada cuando le dicen que estamos donde estamos porque vivíamos por encima de nuestras posibilidades. ¿De verdad éramos nosotros los que despilfarramos, derrochamos o malgastamos el dinero? Ninguno de los partidos ha sabido dar respuesta a toda esa masa desencantada

Sólo un apunte, para aquellos que creen que lo de Le Pen se va a quedar en una anécdota en la segunda vuelta: el votante del Frente Nacional es fiel. El votante del resto de partidos, de izquierdas y derechas, que por primera vez, han quedado fuera de la segunda vuelta, está un tanto harto y cansado. Y lo de quedarse en casa y no votar, lo ve como un mal menor. Así que señores: salgan de su burbuja y miren bien lo que pasa ahí fuera.